La Vendimia Chapaca en Tarija avanza este año con un escenario inusual, la mayor parte de la producción ya fue vendida antes de marzo, lo que para los viticultores representa una buena señal de mercado. Pero también deja al descubierto un desafío para el sector, la necesidad de ampliar las áreas de producción de vid para responder a la creciente demanda de uva de mesa y la destinada a la elaboración de vino y singani.
Para la Vendimia 2026 los productores proyectaban alcanzar una producción cercana a 1,5 millones de quintales de uva. Sin embargo, apenas iniciado marzo, desde la Asociación Nacional de Productores Vitivinícolas (Anavit) advierten que alrededor del 90% de la producción ya fue comercializada, por lo que se anticipa una menor oferta de fruta en la tradicional muestra ferial de la Vendimia Chapaca.
El vocero de la organización, José Luis Sánchez, explicó que el fenómeno no responde a una baja producción, sino a la fuerte demanda de las bodegas que comenzaron a asegurar la materia prima desde finales de 2025.
“En años anteriores la vendimia solía extenderse hasta abril. Poco a poco se fue reduciendo hasta marzo, pero este año en febrero ya teníamos el 90% de la cosecha comercializada”, explicó.
La uva se vendió antes de llegar a la feria
La consecuencia directa de esta dinámica será visible en la Vendimia Chapaca 2026, fijada para el 14 y 15 de marzo, donde tradicionalmente se expone parte de la producción.
Según Sánchez, la menor presencia de uva en la feria no significa escasez, sino que las bodegas solicitaron la fruta con anticipación para iniciar sus procesos de vinificación y destilación de singani.
“Las bodegas hicieron sus pedidos desde diciembre y la venta empezó en enero para garantizar la producción de vino y singani”, señaló.
Para los viticultores el escenario resulta positivo, ya que lograron vender prácticamente toda su producción, aunque muchos deban esperar entre cuatro y cinco meses para recibir el pago completo por la fruta.
Un sector que necesita crecer
El alto nivel de demanda ha puesto sobre la mesa una discusión que el sector arrastra desde hace varios años, ampliar las áreas de cultivo.
Según Anavit, actualmente el valle central de Tarija produce uva en aproximadamente 2.800 hectáreas, una superficie que los productores consideran insuficiente frente al crecimiento del mercado.
Desde Anavit plantean que el objetivo a corto plazo debería ser alcanzar al menos 5.000 hectáreas de vid, y en un horizonte de siete años llegar a 10.000 hectáreas.
Hectáreas Según Anavit, actualmente el valle central de Tarija produce uva en aproximadamente 2.800 hectáreas, una superficie considerada insuficiente frente al crecimiento del mercado
Sánchez sostiene que con una mayor superficie cultivada se podría extender nuevamente la disponibilidad de uva hasta abril y garantizar materia prima durante todo el año.
Explicó que después de Tarija vienen las vendimias de Santa Cruz, Cochabamba y el Chaco hacia fin de año. Con una planificación adecuada se podría tener producción prácticamente los 365 días del año.
El contrabando pierde terreno
El sector vitivinícola tarijeño fue durante años golpeado por el ingreso ilegal de vinos y uvas provenientes de países vecinos, principalmente de Argentina y Perú.
Sin embargo, según Sánchez, este año el contrabando disminuyó considerablemente. No tanto por mayores controles, sino porque estos países están concentrando su producción en la exportación.
El caso peruano es particularmente ilustrativo, actualmente es el tercer mayor exportador mundial de uva, con ventas cercanas a 500 millones de dólares anuales.
Bolivia, en cambio, todavía no cuenta con la capacidad ni las condiciones para competir en el mercado internacional, por lo que el sector pide mayor apoyo estatal para desarrollar la industria.
Oferta de uva
Un mercado que volvió a despertar
Para el exdirector del Centro Vitivinícola de Tarija (Cevita), Ramiro Velásquez, el aumento en la demanda responde a varios factores acumulados en los últimos años.
Explica que durante mucho tiempo la producción de vid dejó de ser rentable, lo que llevó a muchos agricultores a cambiar de cultivo.
“Muchos productores dejaron la uva y se pasaron a tomate, papa o cebolla porque daban mejores utilidades”, recordó.
Hoy la situación es distinta. Los precios han mejorado y la demanda se incrementó, impulsada por varios factores.
Entre ellos destaca el crecimiento del consumo interno de vinos y singanis, especialmente de varietales como Tannat, Syrah, Cabernet y Malbec, que han ganado popularidad entre los consumidores.
Además hace énfasis, que el singani boliviano ha comenzado a posicionarse en mercados internacionales, especialmente en Estados Unidos, lo que obliga a las bodegas a asegurar la provisión de uva moscatel con mayor anticipación.
Viñedos vuelven a ser negocio
El nuevo escenario también está generando un efecto positivo en el campo, el retorno del interés por plantar viñedos.
Velásquez señala que varios viveros especializados están registrando un incremento en la demanda de plantines. Uno de los ejemplos es el Vivero El Carmen, cuyo propietario, Gonzalo Pinedo, había reportado una fuerte caída en las ventas durante los últimos años. Este año, sin embargo, la demanda volvió a crecer.
“Los productores nuevamente ven en los viñedos una oportunidad de negocio”, explicó Velásquez.
Oferta de vinos artesanales
El peso económico de la vendimia
El impacto económico del sector vitivinícola en Tarija es considerable. De acuerdo con el Consejo Regional de Abastecimiento y Mercadeo Agropecuario, el precio referencial de la caja de uva oscila actualmente entre 140 y 190 bolivianos.
Con esos valores, los productores estiman que la venta de la materia prima generará este año entre 160 y 180 millones de bolivianos.
Si se considera toda la cadena vitivinícola —producción, industrialización y turismo— el movimiento económico podría alcanzar entre 140 y 160 millones de dólares.
Agua y tecnología para crecer
Aunque el valle central todavía tiene potencial para ampliar la superficie cultivada, Velásquez afirma que el crecimiento del sector dependerá principalmente del uso eficiente del agua.
Recordó que estudios preliminares del Cevita estimaban que la región tenía cerca de 4.000 hectáreas de vid, incluyendo uva de mesa y de vinificación.
El sistema de riego asociado a la aducción del río Guadalquivir y del Proyecto Múltiple San Jacinto permitiría ampliar esta superficie, aunque el caudal disponible no aumentará. Por ello, el desafío para los productores será optimizar el uso del agua mediante riego tecnificado, una medida que podría permitir la expansión de los viñedos sin comprometer el recurso hídrico.
Asimismo, minimizó el impacto de los loteamientos en el valle central de Tarija, argumentando que los productores cuidan las áreas agrícolas, pero reconoció que sí se ofertan en zonas en donde la tierra tiene poca proyección de fertilidad o donde no llega agua para riego.
Una amenaza latente
Para la Federación de Empresarios Privados de Tarija (FEPT), la Anavit y la Federación Departamental de Viticultores (Fedevit), el crecimiento de las urbanizaciones sí es una amenaza para el valle central. Por ello demandan al Gobierno Nacional, autoridades departamentales y municipales, regular la venta clandestina de tierras con fines de habilitar urbanizaciones dentro de zonas productoras aptas para cultivos de uva y otros rubros agrícolas.
El presidente de la FEPT, Franz Molina, en una anterior entrevista indicó que miles de hectáreas de terrenos aptas para la producción de uva, hortalizas, frutales y granos, en los municipios de Cercado y Uriondo, están en riesgo de desaparecer por la venta irregular de tierras por parte de familias campesinas y viticultores a privados. Lo que hacen, advirtió, es parcelar las áreas de cultivo para la venta de lotes, con el objetivo de ampliar la mancha urbana en el valle central de Tarija.
Advirtió que la producción de uva, el paisajismo y el turismo están en peligro de desaparecer en el valle central de Tarija, por los loteamientos que están dándose sin ninguna tregua, en zonas como Santa Ana, La Pintada, San Isidro, La Ventolera, Ancón, Pampa La Villa, El Portillo, Tolomosa, San Jacinto, San Andrés, y otras zonas productoras.
La producción vitivinícola, recalcó, no solo sostiene empleos directos, más de 5.000 familias involucradas en producción y más de 3.500 personas empleadas en bodegas, cultivos, comercialización y distribución, sino que es la base de uno de los pilares turísticos más sólidos de la región.



















