Una posible subida del precio del petróleo en el mercado internacional empeorará los tres problemas que enfrenta Bolivia actualmente, como el déficit fiscal, escasez de dólares y mayor dependencia de la importación de combustibles. Los cambios estructurales todavía no se aplican y la estabilidad económica no será sostenible.
A pesar de que el ministro de Hidrocarburos y Energía, Mauricio Medinaceli, informó, en entrevista con medios de comunicación, que trabajan para aumentar la producción de hidrocarburos.
El consultor del sector energético, Álvaro Ríos Roca, alertó que Bolivia corre el riesgo de importar GLP y gas natural, y casi duplicar el gasto en la compra de combustibles, pero Medinaceli alejó esa posibilidad por el momento.
Recordemos que la producción de gas llegó en 2014 a 60 millones de metros cúbicos día (MMmcd), los ingresos por la venta a Brasil y Argentina alcanzó los 6.000 millones de dólares. El año pasado el volumen no pasó los 30 MMmcd y los recursos fueron menos de 2.000 millones.
Enfrentamiento
El enfrentamiento bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán, y la respuesta del país islamista con ataques a sus vecinos y el cierre del estrecho de Ormuz, preocuparon a la economía mundial, pues por ahí pasa una cuarta parte del petróleo que se vende en el mercado internacional.
Esa situación provocó un alza del precio en el mercado internacional y llegó a pasar los 100 dólares el barril. Al terminar la semana bajó a menos de 90 dólares y se espera que, con la decisión de algunos países de liberar el crudo de sus reservas y el paso garantizado por Estados Unidos de petroleros por el estrecho de Ormuz, baje el valor aún más.
Problemas que pueden agudizarse
Bolivia puede agudizar sus problemas económicos si mantiene la dependencia energética actual, con importación de diésel de más del 90% y de gasolina cercano al 60%, una caída vertiginosa de la producción de gas y de Gas Licuado de Petróleo (GLP).
El alza del precio del petróleo en el mercado internacional aumentará el déficit fiscal, agudizaría la escasez de dólares y la importación se volvería cuesta arriba por la falta de la divisa.
Para el economista y docente de la Universidad Técnica de Oruro (UTO), Ernesto Bernal, de concretarse un alza constante del precio del crudo, provocará que el valor de los combustibles en el mercado nacional suba.
“(…) se va a necesitar muchos dólares para comprar y habrá mayor presión sobre las reservas internacionales”, reflexiona a tiempo de indicar que esta situación se puede reflejar en un incremento de los costos de operación.
Efectos
El impacto de la guerra en Medio Oriente en Bolivia no sería militar ni político, sino energético y fiscal, porque el país importa gran parte del diésel y gasolina que consume, señala el economista e investigador Fernando Romero.
De acuerdo con el experto, el efecto se vería en un mayor costo de importación de combustibles, presión sobre las reservas de dólares, presión fiscal, es decir, si el Estado quisiera mantener precios internos bajos o los actuales, el esquema de precios congelados de los carburantes podría volver, así como la inflación.
En un escenario poco favorable, si continúa el desequilibrio del mercado del petróleo con precios altos, esto producirá un efecto dominó en los demás commodities (no energéticos), encareciendo la producción y el comercio mundial, advirtió.
Recuerda que antes de eliminar la subvención, Bolivia gastaba alrededor de 2.700 millones de dólares al año en subvención a carburantes, uno de los mayores gastos fiscales del país.
“Es posible, si es que la situación del Medio Oriente empeora, que el país vuelva a ese esquema de subvención, lo cual significaría mayor gasto público, déficit fiscal, deuda interna y emisión monetaria”, aseguró.
Analistas económicos sostienen que el Presupuesto General del Estado (PGE) 2026, elaborado por el gobierno de Luis Arce, habría fijado el precio del barril de petróleo en menos de 70 dólares.
Una guerra petrolera empeora problemas estructurales de Bolivia: déficit fiscal, escasez de dólares, dependencia de importaciones de carburantes, inflación local e importada y fragilidad ante shocks externos, resume Romero en su análisis.
Por ello señala que el Gobierno debería fijar precios internos cercanos al mercado internacional, aplicar subsidios focalizados, avanzar en la diversificación energética (bioenergía, electricidad, GNV, renovables) y aumentar producción interna de líquidos.
La guerra y suba del petróleo revelan la gran fragilidad de Bolivia, de su economía y su estabilidad, apunta.
Propuestas
Ante la pregunta si el Gobierno tiene planteamientos para encarar la situación actual de los energéticos, Bernal sostuvo que la actual administración no tiene nada al respecto en el tema hidrocarburos.
Lamenta que la estructura sea débil en las propuestas económicas del equipo económico, la falta de claridad aleja más la independencia de los hidrocarburos; sin embargo, las autoridades del sector energético anunciaron mayor compra de petróleo.



















