El dólar oficial pierde peso tras 14 años y el referencial domina la economía real

En Bolivia, se mantiene inalterable el tipo de cambio oficial del dólar, fijado desde hace más de 14 años en Bs 6,96 para la venta y Bs 6,86 la compra. En la práctica, ese valor cada vez se aplica menos en la economía cotidiana. Desde la compra de un lote hasta el pago de un servicio en el exterior, las transacciones se ajustan al tipo de cambio “referencial”.

Comprar una casa o un auto ya no depende del dólar oficial. Aunque muchos de estos bienes todavía se cotizan en moneda estadounidense, el pago se realiza en moneda nacional por la falta de divisas, pero el cálculo es al precio referencial, y en algunos casos se cotizan en UFVs.

La misma lógica se replica en operaciones vinculadas al comercio exterior. Pagos por fletes, servicios portuarios o costos logísticos se realizan en bolivianos, pero calculados con referencias más cercanas al dólar paralelo.

En el mercado de vehículos en las zonas francas o ferias el precio se calcula al dólar referencial. Mientras que en las casas automotrices ya tienen las cotizaciones hechas en bolivianos, y aunque en estas aseguran que el cálculo es al costo oficial, los clientes señalan que es solo una estrategia para atraer ventas e indican que en lo real los costos subieron.

A las operaciones con dólares referenciales ahora también se suman las vinculadas al pago de compras internacionales o servicios digitales con tarjetas bancarias pero con el costo del dólar al tipo de cambio referencial.

El economista Germán Molina resume este escenario como la coexistencia de varios mercados. “Se tiene un tipo de cambio oficial, otro para operaciones financieras (el referencial) y un mercado paralelo”, explica. En su criterio, este esquema no es sostenible, porque una economía necesita una referencia clara.

“El tipo de cambio oficial sigue vigente, pero ha perdido relevancia real, mientras el valor referencial y el paralelo reflejan mejor la escasez de divisas”, señala el economista Fernando Romero.

Ambos coinciden en que el mercado oficial se mantiene para el sector público, por ejemplo para la deuda externa. “El Gobierno va a registrar en sus balances ese tipo de cambio oficial porque está vigente”, apuntó Molina.

Romero señala que entre otras operaciones el tipo de cambio oficial aún se usa en algunas importaciones priorizadas, pagos financieros autorizados por bancos, registros contables y operaciones formales reguladas, remesas y anticréticos formales.

En su opinión, con la brecha cambiaria la gente percibe que el valor oficial no es real. “La población en general no accede fácilmente a dólares a Bs. 6,96, debe recurrir al mercado paralelo para adquirir divisas”, subrayó.

El economista Felipe Larraín plantea que la unificación cambiaria es un objetivo necesario, aunque advierte que se requieren condiciones previas, como el fortalecimiento de las reservas internacionales.

“Si las reservas internacionales son muy bajas, es muy difícil hacerlo en un corto plazo, pero es algo que hay que avanzar”, expresó.
Larraín considera que aunque la brecha cambiaria actual no es tan extrema como en crisis pasadas, como en los años 80, refleja un desequilibrio importante que influye en los precios y en el bolsillo de la gente. Como alternativa plantea un esquema de tipo de cambio unificado y flotante.

Sourceel deber

ÚLTIMAS NOTICIAS