Bolivia vende más minerales, pero su economía sigue atrapada en la recesión

Imagine a un comerciante que vende más que nunca. Sus pedidos se multiplican, los precios de sus productos suben y las cuentas muestran ingresos récord. Pero cuando llega la hora de pagar sus deudas, descubre que no tiene suficiente dinero disponible. Algo parecido le ocurre a Bolivia.

Mientras la economía nacional enfrenta previsiones de contracción en 2026 y 2027, las exportaciones alcanzan cifras extraordinarias, impulsadas por las cotizaciones de los minerales. Entre enero y agosto, las ventas externas sumaron $us 8.987 millones, un 53% más que en el mismo periodo de 2025. El superávit comercial llegó a $us 2.029 millones, según datos del INE.

Las cifras muestran la fuerza del nuevo auge minero. Solo entre junio y julio, el valor de las exportaciones de plata creció un 28,6%; el de zinc, un 30,5%, y el de oro metálico se disparó un 277,8%, según el INE.

Pero hay una diferencia entre vender millones de dólares en minerales y disponer de ese dinero dentro del país. Una parte de los ingresos de las exportaciones privadas permanece depositada en bancos del exterior. Así, mientras las estadísticas registran ventas cada vez mayores, Bolivia sigue necesitando dólares para pagar sus importaciones y atender sus obligaciones. Es una de las claves de la paradoja: la riqueza sale de las minas, pero no todas las divisas que genera regresan al país.

La paradoja de los dólares
Para el economista René Martínez, esa contradicción adquiere especial gravedad en un país que perdió buena parte de los ingresos que antes obtenía del gas.

Martínez sostiene que corregir los desequilibrios macroeconómicos es indispensable, pero no suficiente. Bolivia necesita reconstruir su capacidad exportadora para financiar importaciones, cumplir obligaciones internacionales y recuperar divisas.

El contraste es llamativo: mientras el país busca financiamiento externo para estabilizar su economía, una actividad que genera miles de millones de dólares no garantiza que esos ingresos se registren en arcas bolivianas.

El oro y los intermediarios
El oro ofrece el ejemplo más visible. Córdova señala que la producción registrada pasó de 54 toneladas en 2022 a unas 28 en 2025, pese al aumento de las cotizaciones.

Según sus cifras, las cooperativas concentran casi toda la producción aurífera registrada, pero el metal sale al exterior principalmente a través de comercializadoras. Estas empresas pasaron de cuatro en 2009 a 391 en la actualidad. Para Córdova, semejante expansión complica la fiscalización del origen del oro, los volúmenes vendidos y el destino de los pagos.

También cuestiona cuánto recibe el Estado. En 2022, calcula, el oro producido tenía un valor de $us 3.073 millones, frente a unos $us 63 millones recaudados por impuestos y regalías.

Hay otra pérdida de oportunidades: buena parte de los minerales se exporta como concentrado y termina de procesarse en otros países. Bolivia recibe ingresos por la materia prima, pero deja fuera empleos, tecnología y una porción del valor agregado de la refinación.

Las reformas pendientes
El Decreto Supremo 5747 busca modificar el circuito financiero del oro. Según Córdova, obliga a acreditar en bancos bolivianos el equivalente al 80% del valor de exportaciones anteriores para efectuar nuevas operaciones. Considera que puede aumentar la disponibilidad de divisas, aunque advierte riesgos de evasión mediante subdeclaraciones, nuevas empresas o depósitos que no prueben el retorno efectivo de los pagos.

El experto propone, además, modernizar el procesamiento aurífero para reducir el mercurio, reorganizar la comercialización, fortalecer la fiscalización territorial y actualizar las regalías. Martínez reclama inversiones y reglas estables.

En ese contexto, el economísta Juan Carlos Núñez añade que, en un mundo donde crece la competencia por los recursos naturales, Bolivia necesita instituciones capaces de defender mejor sus intereses.

La bonanza minera ofrece una oportunidad, no una solución automática. Para aprovecharla, el país debe convertir exportaciones en divisas disponibles, ingresos fiscales, industria y empleo. De otro modo, seguirá pareciéndose a aquel comerciante que tiene ventas extraordinarias sobre el papel y dificultades para pagar sus cuentas.

SourceEl Deber

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