Los costos de implementación de proyectos de almacenamiento energético y energía eólica marina han disminuido significativamente en Brasil, según un estudio reciente de la agencia federal de investigación energética, EPE.
Hace un año, el gasto de capital estimado para una iniciativa de almacenamiento energético era de 7.350 reales por kilovatio/hora (US$1.454/kW al tipo de cambio actual), pero ahora ha caído un 15,6% a 6.200 reales por kilovatio/hora.
En el caso de la eólica marina, la reducción es de 15,9% luego de pasar de 12.250 reales a 10.300 por kilovatio/hora.
“Estas son industrias que están en etapa de pruebas, por lo que cuanto más produzcan, más baratas serán”, dijo a BNamericas Guilherme Susteras, asociado principal del Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE) y socio director de Sun Mobi.
“Específicamente en cuando a la energía eólica marina, hay una creciente demanda de volumen y los fabricantes están aprendiendo a producir al mismo costo equipos de mayor potencia, o bien más baratos con la misma potencia, lo que ha generado mayores eficiencias”, agregó.
Brasil aún no tiene ningún proyecto eólico marino en operación. En este momento, la agencia ambiental local Ibama está analizando 80GW en proyectos de este tipo.
En cuanto a emprendimientos de almacenamiento energético, destaca un proyecto de ISA CTEEP en alianza con GE Renewable Energy en una subestación ubicada en el estado de São Paulo.
Por otra parte, los proyectos de generación a partir de residuos sólidos urbanos registraron un incremento de costos de 17,3%, seguidos de los de biogás (+6,7%), gas natural (+5,9%), energía nuclear (+5,3%), carbón nacional (+5,1%), gas natural licuado (+4,9%) y gas nacional (+3,9%).

Susteras explicó que este tipo de proyectos se asocian a la tecnología de turbinas de gas y vapor, que avanzó mucho el siglo pasado, pero ahora está prácticamente estancada.
“Entonces, la variación de estos costos está más relacionada con variaciones en los insumos y los tipos de cambio, además del tema de la pandemia, que terminó afectando las cadenas productivas y la logística”, explicó.
El aumento de costos en los proyectos de GNL, por ejemplo, reflejan principalmente el aumento de los precios internacionales debido a la guerra en Ucrania, mientras que los precios internos del gas se han visto presionados por una mayor demanda de generación termoeléctrica por la crisis hídrica en Brasil.
No obstante, Yuri Schmidt, presidente de la asociación de recuperación de residuos energéticos Abren, no está de acuerdo con las estimaciones de EPE en cuanto a proyectos energéticos de residuos sólidos urbanos.
“La cifra correcta es un gasto de capital de 36.000-40.000 reales por kilovatio instalado, considerando la tarifa de energía de 0,65 reales por kilovatio/hora. Además, con la licitación de cinco plantas entre el año pasado y los años siguientes, podemos tener una reducción de hasta 20% en este costo a medida que se va formando una cadena de suministro nacional”, dijo a BNamericas.
El presidente de la asociación brasileña de energía nuclear ABEN, Carlos Mariz, planteó que se deben hacer comparaciones de costos con alternativas equivalentes.
“No se pueden comparar los costos de energía intermitente con los costos de energía firme”, dijo a BNamericas.
Para Mariz, es necesario poner precio a la confiabilidad y la garantía de seguridad que ofrecen al sistema las plantas que pueden generar de manera constante e incluir eso en el costo final de las plantas intermitentes al sistema interconectado nacional.
En cuanto al biogás, el presidente ejecutivo de la asociación ABiogás, Alessandro Gardemann, atribuyó el aumento de costos al impacto de la pandemia en las cadenas de suministro y el tipo de cambio.



















