La Cainco advirtió que, tras 47 días de bloqueos, la crisis económica en Bolivia ya tiene consecuencias concretas y visibles, marcadas por el cierre de pequeñas empresas, inversiones paralizadas y un deterioro progresivo del aparato productivo.
“A 47 días de bloqueo, la crisis tiene nombre propio”, señala el pronunciamiento institucional, al describir un escenario donde se acumulan cargas varadas, contratos incumplidos y cadenas logísticas colapsadas, afectando directamente a miles de familias que dependen de la actividad económica.
La entidad remarcó que las pérdidas no solo son inmediatas, sino que dejarán secuelas a largo plazo. “Quedan deudas que alguien tendrá que responder. La cosecha perdida del productor. El contrato incumplido. El capital perdido de los bolivianos que tuvieron la valentía y la osadía de emprender”, subraya el documento.
En ese contexto, Cainco cuestionó que los llamados corredores humanitarios no hayan logrado imponerse frente a intereses políticos. “Los corredores humanitarios perdieron ante la ideología política que antepone sus beneficios a costa del desarrollo del país”, afirma.
Si bien la institución reiteró su compromiso con la reactivación económica, advirtió que esta será cada vez más difícil mientras se prolongue el conflicto. “Cada día que la plena normalidad se posterga suma una factura que hoy pagan miles de familias bolivianas y sus empresas”, añade.
Asimismo, alertó que las empresas no solo enfrentan retrasos, sino situaciones de fuerza mayor derivadas del bloqueo de rutas y la interrupción del abastecimiento, lo que exige medidas excepcionales y mayor flexibilidad para evitar mayores daños.
Frente a este panorama, la Cámara fue enfática en señalar que la prioridad es restablecer la circulación en todo el país. “La prioridad es una sola. Desbloquear de forma definitiva las rutas. Transitabilidad irrestricta como derecho”, enfatiza, al señalar que esta condición es clave para garantizar el acceso a alimentos, medicamentos, combustible y el funcionamiento de la industria y el comercio.
El pronunciamiento concluye con una advertencia sobre el impacto estructural de la crisis: “No habrá abastecimiento sin combustible. No habrá empleo sin producción. No habrá reactivación sin rutas abiertas. Y no habrá futuro mientras trabajar sea una carrera de obstáculos”.



















