Mujeres y niños indígenas, principales víctimas de la minería

Aquellos malestares que cientos de veces fueron atribuidos al reumatismo, la anemia y otros problemas “comunes” en varones, mujeres y niños indígenas de la Amazonia boliviana tienen una explicación: son las consecuencias de altos niveles de mercurio en el organismo de los originarios que subsisten gracias a la pesca, evidencia la Central de Pueblos Indígenas de La Paz (Cpilap), sustentada en un estudio. Las mujeres y niños son las principales víctimas.

“Lo que se ha podido evidenciar es que ya hay problemas en los procesos de gestación y a veces en el proceso de parto. Están naciendo los niños prematuros, con deformidades, por esta consecuencia del mercurio. Nacen y no pueden caminar o quedan en estado vegetativo, o niños que tienen comportamiento diferente, tienen problemas en el aprendizaje, de pronto tienen desmayos”, relata el vicepresidente de la Cpilap, Lino Illimuri, quien además pertenece al pueblo indígena Uchupiamonas.

Las empresas mineras, en su mayoría chinas, utilizan mercurio para lavar el oro en la parte alta de la cuenca del río Beni. Estos desechos tóxicos se extienden a lo largo de los ríos Tuichi, Quiquibey, Tequeje y Madre de Dios, se mezclan con los sedimentos que están en el agua y son consumidos por los peces.

Río abajo están las poblaciones indígenas, las cuales no trabajan en la extracción minera aurífera ni se benefician de ella, pero subsisten gracias al pescado, ese alimento que llega envenenado de mercurio y termina en el organismo de los indígenas Esseejjas, Tsimanes, Mosetenes, Uchupiamonas, Tacanas y Lecos. Los niños y las mujeres en estado de gestación son los más afectados. Ante esta situación, jóvenes técnicos oriundos de estos pueblos indígenas decidieron realizar un estudio para determinar el nivel de contaminación por mercurio que hay en estas regiones. Se visitó 36 comunidades del norte amazónico y se habló con la gente para explicarle el objetivo de la investigación. Tras lograr su consentimiento, se tomó la muestra de cabello de 302 personas, entre las que estaban mujeres en edad fértil.

Se hizo los análisis en el laboratorio de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y los resultados fueron alarmantes. El 74,5% de las personas evaluadas sobrepasaban los límites de mercurio permitidos. El promedio registrado fue 3,93 ppm (partes por millón) del metal tóxico, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) sólo permite 1,0 ppm. “El resultado más alarmante que tenemos es la contaminación a nuestros hermanos Esseejja, ellos tienen una dieta alimenticia que es el pescado y ese consumo hace que nuestros hermanos tengan un mayor porcentaje de partes por millón de mercurio. Estamos con el 6,9 ppm”, sostiene el vicepresidente de la Cpilap.

Los indígenas Esseejjas registraron 6,9 ppm; le siguen los Tsimanes con 6,8 ppm; luego están los Mosetenes, con 4,0 ppm; los Uchupiamonas registraron 2,5 ppm; los Tacanas tenían 2,1 ppm; y, finalmente, los Lecos poseían 1,2 ppm.

El mercurio

El mercurio es un metal pesado que a temperatura ambiente está en estado líquido, es plateado e inodoro. Forma aleaciones con casi todos los metales haciendo amalgamas, de manera especial con el oro y la plata, refiere el Informe Defensorial de 2022. Es considerado un material peligroso y contaminante ambiental, puede desplazarse a larga distancia en la atmósfera, tierra y agua, persiste en el ambiente y tiene capacidad de acumularse en los organismos y en los ecosistemas, teniendo un efecto negativo en la salud humana y el medio ambiente.

Al respecto, el Centro de Documentación e Información Bolivia (Cedib) escribió un libro denominado “El Negocio del Mercurio en Bolivia”, en el que señala que este país es uno de los principales importadores de mercurio del mundo, pero también explica que es un mineral que causa severas afecciones a la salud por la contaminación en el agua y el aire.

“No está cuantificado cuánto mercurio tenemos en nuestros ríos porque no es sencillo de medir, no se lo puede encontrar con facilidad en el agua porque el mercurio es un material pesado que tiende a irse al fondo. Se transporta junto con los sedimentos, arenas y limos que están al fondo y en ese proceso cambia su forma química de mercurio metálico a metilmercurio, es una forma orgánica del mercurio que puede ingresar a los organismos vivos”, explica el investigador del Cedib Gonzalo Mondaca.

Pero el mercurio no sólo llega al organismo humano a través del consumo del pescado, sino mediante el aire. Mondaca cuenta que tras un estudio de cabello realizado anteriormente se develó que una mujer de la comunidad Esseejja tenía más de 100 ppm de mercurio.

“Ella se dedicaba a cocinar en la balsa, donde su familia explota oro, pero estaba en una posición dentro de la balsa que todos los trabajos que se desarrollaban con el mercurio terminaban emitiendo vapores que le llegaban a ella directamente”, sostiene Mondaca, quien señala que en una persona que tiene valores superiores a 1,0 ppm es complejo hacer un diagnóstico para saber qué parte de su cuerpo está más afectado por el mercurio.

La exposición al mercurio, incluso en pequeñas cantidades, puede causar graves problemas de salud y es peligrosa para el desarrollo intrauterino y las primeras etapas de vida. Puede ser tóxico para los sistemas nervioso e inmunitario, el aparato digestivo, la piel y los pulmones, riñones y ojos. La principal vía de exposición humana es el consumo de pescado y marisco contaminados con metilmercurio, compuesto orgánico presente en esos alimentos, señala un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

“Siempre se ha relacionado (nuestras afecciones) con otro tipo de enfermedades, como la anemia y reumatismo, porque nunca se ha llegado a sospechar que había otros componentes químicos afectando en la salud de nuestros hermanos. Cuando alguien fallecía, se decía, por ejemplo, que tenía fuertes dolores de cabeza o le dolía la cadera, pero nunca habíamos imaginado que las afectaciones ya estaban llegando de a poco a nuestros hermanos”, refiere el líder indígena Illimuri.

Sobre este punto, la senadora de Comunidad Ciudadana (CC) Cecilia Requena asegura que esta situación es una tragedia. “Es un etnocidio y la tragedia no sólo es porque están destruyendo una forma de vida, o sea a un pueblo, sino lo que les están causando sin que ellos (los indígenas) participen en absoluto de la minería, es un daño inconmensurable e irreversible”, dice y recuerda que el mercurio es una de las sustancias más tóxicas para el ser humano.

Explica que cuando una madre en periodo de gestación come algún producto con mercurio, como lo hacen las mujeres Esseejjas con el pescado, el metal tóxico busca los tejidos más blandos y encuentra el cerebro del feto. “Ahí se aloja el mercurio, entonces, esa persona nace con la vida destruida”, acota.

“Estado cómplice”

La legisladora de CC hace énfasis en que el Gobierno es cómplice de este etnocidio, ya que no ejecuta acciones para frenar esta realidad que se conoce desde hace más de 20 años. Además que aún no cumple el Convenio de Minamata, que fue ratificado en 2014 por el Gobierno boliviano y que recomienda asumir un plan de acción para reducir y eliminar el uso del mercurio. “El Gobierno sabe perfectamente de esto y no hace nada”, dice Requena y proyecta que esta situación empeorará con la Ley del Oro, pues gracias a ella “van a blanquear la minería ilegal devastadora y etnocida” que se desarrolla en la cuenca amazónica. En este sentido, critica a los mineros cooperativistas que rechazan la bancarización y la formalización de la actividad extractiva. “El problema con los mineros es que son la base social del Gobierno y lo fueron también (en el gobierno) de Jeanine Añez y en su momento sacaron muchas ventajas. Ahí hay una colusión de intereses con el Estado”, acota.

Una de las conclusiones del Informe Defensorial respecto al Estado de cumplimiento del Convenio de Minamata sobre el mercurio (2007-2022) refiere: “Se mantendrán vulnerados los derechos humanos a la salud, a un medio ambiente sano y los derechos de la Madre Tierra en tanto no se cuente con un Plan de Acción Nacional integral para la reducción de mercurio que incluya acciones concretas para la limitación y control del uso de mercurio en actividades mineras auríferas”. Sin embargo, hasta la fecha, aún no se concreta dicho plan. No obstante, el viceministro de Medio Ambiente, Magín Herrera, refiere que hay dos proyectos que están en marcha con el fin de viabilizar el plan. El primero es ejecutado por una instancia no gubernamental que dispone de 500 mil dólares para que, con el apoyo del Ministerio de Salud, Ministerio de Medio Ambiente y Agua y Ministerio de Minería y Metalurgia, recaben información a través de un trabajo de campo y se haga efectivo el Plan de Acción.

“El trabajo ya tiene un buen avance, nos van a presentar seguramente alguna información que nos va a permitir elaborar proyectos y planes estratégicos para seguir desarrollando en el futuro”, refiere. De forma paralela, gracias a recursos captados internacionalmente, invertirán 6,5 millones de dólares para ejecutar un proyecto que tendrá una duración de cuatro años. “El propósito de este recurso es ir probando tecnologías que reduzcan el uso del mercurio, tecnologías que vayan mostrando alternativas de la actividad minera aurífera, que sean más amigables con el medio ambiente y más responsables con el entorno social”, manifiesta.

En tanto, el viceministro de Cooperativas Mineras, Mauricio Guzmán, señala que tienen una preocupación compartida por la contaminación del mercurio y los resultados expuestos por la Cpilap e indica que desde 2019 trabajan a través de convenios con organizaciones internacionales para reducir el uso de este compuesto tóxico en la minería aurífera.

Agrega que los principales responsables de esta problemática son las empresas extranjeras que se hacen pasar por cooperativas mineras.

“No está cuantificado cuánto mercurio tenemos en nuestros ríos porque el mercurio es pesado”.
Gonzalo Mondaca, Cedib
“No está cuantificado cuánto mercurio tenemos en nuestros ríos porque el mercurio es pesado”.
Gonzalo Mondaca, Cedib
Impacto del mercurio en el ser humano

Los efectos del mercurio en las personas de todas las edades que superan el límite de ppm permitido por la OMS son: pérdida de la visión periférica; sensaciones de cosquilleo, por lo general, en las manos, pies y alrededor de la boca; falta de coordinación de movimientos; disfunción del habla, audición y capacidad de caminar; y, debilidad muscular.

Según estudios científicos, las víctimas presentan temblores, cambios emocionales (irritación, nerviosismo, cambios de humor, timidez excesiva), insomnio, jaquecas, perturbaciones en las sensaciones, desempeño en las evaluaciones de función mental, debilidad muscular, disfunción del habla, audición y capacidad de caminar y falta de coordinación de movimientos.

Los efectos en los bebés o niños que estuvieron expuestos al metilmercurio mientras estaban en el útero son: afectación al pensamiento cognitivo, memoria, atención, lenguaje, habilidades motoras finas y habilidades espaciales, además que pueden nacer con malformaciones congénitas.

Los expertos aseguran que los efectos cuando llega a los pulmones son: temblores, insomnio, cambios neuromusculares como debilidad, atrofia muscular y espasmos; jaquecas, desempeño pobre en evaluaciones de función mental, cambios emocionales como irritación, nerviosismo, timidez excesiva, cambios de humor, etc.

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