Bolivia busca ampliar sus rutas de exportación minera hacia el Pacífico

La conexión ferroviaria entre Bolivia y el norte de Chile ya permite movilizar importantes volúmenes de minerales hacia el Pacífico, pero ampliar su capacidad dependerá de la integración de toda la cadena logística. Para Javier Valdivia Urioste, gerente general de Empresa Ferroviaria Andina S.A. (FCA), el desafío es avanzar hacia una red que articule ferrocarriles, carreteras, pasos fronterizos, puertos y centros de transferencia.

Uno de los principales ejemplos es la operación de Minera San Cristóbal. Según Valdivia, la empresa movilizó aproximadamente 345.000 toneladas de concentrado de zinc-plata y 90.000 toneladas de concentrado de plomo-plata, un volumen conjunto de 435.000 toneladas, mediante ferrocarril hacia Mejillones. La carga parte desde Potosí, llega hasta la frontera de Avaroa–Ollagüe y continúa en territorio chileno a través de FCAB hasta Puerto Mejillones.

La operación muestra que existe una conexión ferroviaria establecida entre Bolivia y Chile. Sin embargo, el ejecutivo advierte que la capacidad del corredor no depende únicamente de las vías férreas, sino también de la disponibilidad de locomotoras y vagones, las instalaciones de transferencia, las terminales, las condiciones fronterizas y la demanda.

“No se trata solamente de poner más trenes; tenemos que invertir en todo el sistema logístico para eliminar los cuellos de botella”, explicó Javier Valdivia Urioste, gerente general de Ferroviaria Andina, en entrevista exclusiva con ECONOMY.

Mejillones como parte de una red
El Complejo Portuario Mejillones aparece como uno de los puntos de esta estrategia. Según la información proporcionada por FCA, el complejo movilizó 6,7 millones de toneladas en 2025, cuenta con nueve terminales y desarrolla una plataforma logística de 47 hectáreas, con un horizonte de expansión hasta 2050.

Para Valdivia, el potencial del corredor está relacionado con la posibilidad de integrar distintos servicios y actores de la cadena, desde el transporte hasta el almacenamiento y la transferencia de carga.

La empresa considera que este tipo de articulación permitiría generar soluciones para diferentes exportadores y tipos de carga. No obstante, para establecer la competitividad de la ruta frente a otras alternativas todavía es necesario comparar variables como costo por tonelada, tiempos de tránsito, demoras en frontera, capacidad disponible y tarifas portuarias.

FCA administra una red occidental de más de 1.800 kilómetros y señala que más del 40% de su inversión anual se destina a mantenimiento, rehabilitación y conservación. Entre los proyectos mencionados está la rehabilitación del ramal Sucre–Potosí, de aproximadamente 150 kilómetros.

Una red y no un solo corredor
La estrategia planteada por FCA contempla utilizar distintas salidas según el origen, destino, volumen y tipo de carga. En ese esquema aparecen Mejillones, Antofagasta y Chancay, además de las rutas hacia el Atlántico.

La empresa también recordó una propuesta anterior para un corredor bimodal Corumbá–Antofagasta, con participación de Ferroviaria Oriental, transporte carretero y FCA, que contemplaba una capacidad de hasta 1,1 millones de toneladas anuales.

Valdivia considera que Bolivia debe superar una visión fragmentada de sus corredores y avanzar hacia una mayor integración de sus redes ferroviarias.

“Tenemos que pasar del concepto de transporte al concepto de logística integral”, afirmó Urioste

En ese esquema, la articulación de las redes Andina y Oriental permitiría ampliar las posibilidades de circulación entre el oriente productivo, el occidente minero y los diferentes corredores internacionales.

La conexión también podría favorecer una mayor diversificación de las rutas de exportación. La lógica planteada por FCA es que Bolivia pueda utilizar los corredores del Pacífico o del Atlántico de acuerdo con las características de cada carga y las condiciones de cada mercado.

El desafío está en integrar la cadena
La conexión con Mejillones representa una infraestructura que ya está en funcionamiento y que tiene como referencia un flujo aproximado de 435.000 toneladas de concentrados de Minera San Cristóbal, aunque el periodo exacto al que corresponde ese volumen debe ser precisado por la fuente.

Al mismo tiempo, existen propuestas de mayor escala, como el esquema bimodal Corumbá–Antofagasta, con una capacidad planteada de hasta 1,1 millones de toneladas anuales.

Para FCA, el siguiente paso es que las diferentes modalidades de transporte funcionen como una sola cadena y permitan ofrecer soluciones desde el punto de producción hasta el mercado de destino.

“El objetivo es tener una solución logística desde el origen hasta el destino, y no solamente resolver un tramo del transporte”, indicó el gerente de la Ferroviaria Andina

El desafío para Bolivia será, por tanto, ampliar las alternativas disponibles y determinar qué corredor resulta más eficiente para cada carga, considerando costos, capacidad, tiempos de tránsito y confiabilidad.

SourceLa Razón

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