Excrementos de gallina convertidos en energía y otras iniciativas para la sostenibilidad

El sector avícola genera más de 12 millones de toneladas de excrementos al año. Esto representa un problema, tanto por las emisiones de gases que implica —solo superada por las emisiones de la ganadería vacuna— como por la falta de condiciones de almacenamiento adecuadas para todos estos residuos. Avienergy es un proyecto que busca aprovechar este excremento en un sistema de bio­economía circular. El objetivo es que las granjas utilicen este material para generar su propia energía y, así, reducir su impacto ambiental. Las granjas avícolas, por supuesto, necesitan un alto consumo energético para garantizar el calor necesario para las aves y la calidad del aire.

Avienergy es una iniciativa realizada en conjunto por la Fundación Empresa-Universidade Galega (Feuga) con Energylab, Demaux Manufacture, Granja José Antonio García Blanco, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Avícola El Charcón, Alimentos del Mediterráneo y la Universidad de Vigo. Según Anxela Montero, responsable de la gestión de proyectos de Feuga, el proceso consiste en quemar el excremento para producir la energía. El problema es que este material contiene altos niveles de humedad, por lo que el primer paso es secarlo para que pueda ser aprovechado. Después, el quemado debe ejecutarse bajo un estricto control que asegure que no se emitirán partículas contaminantes. Una vez que se ha quemado el material, se trata de recuperar como mínimo un 50% de la energía térmica contenida en el quemador.

El primer quemador que se está utilizando para realizar probaturas está instalado en la granja de José Antonio García, un productor de Ourense que se asoció a esta iniciativa. Actualmente, el proyecto se encuentra en la fase de ajuste del proceso de combustión.

Para cerrar el ciclo, los investigadores quieren que se aprovechen también las cenizas que quedan después del quemado y que se puedan utilizar como fertilizante. De esta forma, el resultado esperado es que las granjas no solo se deshagan del excremento de las aves sin contaminar, sino que produzcan su propia energía, reduzcan los costes de calefacción en hasta un 50% y, finalmente, obtengan su propio fertilizante. “Esto es un proyecto de economía circular al cien por cien”, asegura Montero.

De acuerdo con la gestora, el proyecto debería culminarse en 2023. Una vez terminado, los investigadores esperan que sirva para aumentar la competitividad de los productores del sector avícola como García.

SourceEl País

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