La represa de Itaipú ha vuelto a colarse en los titulares al lograr en 2025 una producción eléctrica capaz de cubrir el consumo de todo el planeta durante algo más de un día. Esta central, compartida por Brasil y Paraguay, confirma así su peso como una de las grandes columnas de la energía renovable a escala global.
En un escenario internacional presionado por la crisis climática y la necesidad de reducir las emisiones, Itaipú se consolida como un ejemplo de generación masiva de electricidad sin combustibles fósiles, con efectos que van mucho más allá de Sudamérica: refuerza la estabilidad de dos sistemas eléctricos clave y sirve de referencia para los debates sobre seguridad energética también en Europa.
Producción récord en 2025: la energía para iluminar el mundo un día
Producción energética de Itaipú
Durante 2025, la central hidroeléctrica de Itaipú registró una generación cercana a los 72,9 millones de megavatios hora (MWh), lo que supone un incremento del 8,63 % respecto a 2024. Este volumen de energía permite hacer comparaciones tan llamativas como que la presa podría abastecer al mundo durante unas 25 horas, a Brasil durante 40 días o a Paraguay durante casi tres años completos.
Los responsables de la instalación señalan que este aumento está directamente ligado a un mayor caudal de agua disponible en el embalse, con una afluencia un 8,57 % superior a la del año anterior, y a la subida de la demanda eléctrica en ambos países socios. Es decir, ha coincidido más agua, mayor necesidad de electricidad y una explotación muy optimizada de cada metro cúbico que llega a las turbinas.
Pese a este notable repunte, la producción de 2025 todavía se sitúa por debajo de los 83,9 millones de MWh alcanzados en 2023 y lejos del récord de 2008, cuando se rozaron los 94,7 millones de MWh. Aun así, la central ha encadenado un año claramente alcista que refuerza su imagen como una de las grandes “fábricas” de energía limpia del planeta.
En términos acumulados, Itaipú superó en septiembre de 2025 la marca de 3.100 millones de MWh generados desde que comenzó a operar en 1984. Esa cifra, puesta en perspectiva, equivaldría a suministrar electricidad a todo el planeta durante 44 días, un dato que ayuda a entender por qué la instalación figura de forma recurrente en los análisis sobre grandes infraestructuras renovables estratégicas.
Cómo se reparte la energía: el impacto en Brasil y Paraguay
Distribución de energía de Itaipú
El reparto de la generación de 2025 volvió a mostrar la enorme dependencia de Paraguay y el importante apoyo que supone Itaipú para Brasil. Aproximadamente un 36 % de la energía producida se destinó al sistema paraguayo, donde llegó a cubrir en torno al 87 % del consumo nacional, lo que convierte a la hidroeléctrica en la piedra angular de su seguridad energética.
El 64 % restante se inyectó en la red brasileña, donde, debido al tamaño del país, representa alrededor del 7 % de la electricidad total consumida. Si se mira exclusivamente a la electricidad procedente de fuentes hidráulicas, la contribución de Itaipú ronda el 11,6 % del total hidráulico que utiliza Brasil, un porcentaje nada menor en un sistema tan diversificado.
Las comparaciones con otras grandes centrales brasileñas ayudan a dimensionar la importancia de esta presa binacional. La energía enviada por Itaipú al sistema de Brasil fue un 59 % mayor que la de Belo Monte, un 78 % superior a la de Tucuruí y casi tres veces la producción de complejos como Santo Antônio o Jirau. Para un país que aspira a reforzar su liderazgo en renovables y reducir su dependencia de combustibles fósiles, contar con una “columna vertebral” así es un factor estratégico.
Las equivalencias territoriales también son reveladoras: la producción de 2025 sería suficiente para alimentar al estado de São Paulo durante más de seis meses o a más de un centenar de ciudades del tamaño de Foz de Iguazú de manera simultánea. Este tipo de cálculos, aunque sean aproximados, muestran el volumen real de electricidad que fluye cada año por las 20 turbinas de la central.
Disponibilidad, eficiencia y el papel de Itaipú como «batería» del sistema
Más allá de los MWh producidos, los indicadores de operación de 2025 dibujan una central con un comportamiento muy estable. La disponibilidad de las unidades generadoras rondó el 96,3 % del tiempo, por encima del objetivo interno de la empresa, fijado en torno al 94 %. Esto implica que las turbinas han estado listas para operar prácticamente todo el año, con muy pocas paradas forzadas.
En cuanto a la eficiencia hidráulica, la presa firmó su mejor registro histórico: una productividad media de alrededor de 1.100 MW por cada m³/s de agua que llega a la planta. Este rendimiento supone una mejora cercana al 5,8 % respecto al promedio histórico y se tradujo en una “ganancia” operativa de casi 3,9 millones de MWh en 2025, simplemente por exprimir mejor el recurso disponible.
La gestión del caudal también tuvo momentos delicados. A principios de noviembre, las intensas lluvias en la cuenca del Paraná obligaron a abrir el aliviadero por primera vez en casi dos años, con una operación que se extendió durante nueve días, siempre de forma controlada y coordinada con los operadores de los sistemas eléctricos brasileño y paraguayo. Solo se liberó un porcentaje mínimo del equivalente de la energía generada, lo que muestra la prioridad de maximizar la producción incluso en contextos hidrológicos complejos.
El contexto energético regional ha cambiado con la incorporación masiva de fuentes renovables intermitentes como la energía fotovoltaica flotante y la solar. En Brasil, donde la fotovoltaica ha crecido con fuerza, el papel de Itaipú y de otras grandes hidroeléctricas se ha desplazado: ya no solo aportan grandes volúmenes de energía, sino que se han convertido en una especie de «batería» natural que entra en juego especialmente a última hora de la tarde, cuando cae la producción solar y la demanda sigue siendo elevada.
Gracias a su tamaño y a esa alta disponibilidad, la central puede responder con rapidez a los picos de consumo, cubriendo las llamadas “rampas de carga” y amortiguando las oscilaciones de las renovables variables. De este modo, contribuye a mantener la estabilidad de frecuencia y tensión en las redes de Brasil y Paraguay, una función que, salvando las distancias tecnológicas, recuerda al respaldo que prestan las grandes centrales hidráulicas europeas al integrar eólica y solar en países como España, Francia o los nórdicos.
Modernización tecnológica y perspectivas en la transición energética
Para sostener este nivel de desempeño a largo plazo, Itaipú Binacional ha puesto en marcha el programa de actualización tecnológica más ambicioso desde el inicio de su operación, con inversiones ya contratadas que rondan los 670 millones de dólares. Se trata de un plan de 14 años de duración, iniciado en 2022, que busca renovar los sistemas clave sin necesidad de sustituir los grandes equipos electromecánicos, que aún se encuentran lejos del final de su vida útil.
El proyecto incluye la renovación de los sistemas de control y protección de las 20 unidades generadoras, la modernización de la subestación aislada en gas, de los servicios auxiliares y de los mecanismos de operación del aliviadero y de la propia presa. También abarca la actualización de la subestación de la margen derecha y la implantación de un nuevo sistema digital de supervisión y control (SCADA), ya en fase de pruebas en fábrica.
Como parte del mismo esfuerzo, en enero de 2025 se inauguró el Centro de Integración y Capacitación de Sistemas (Cintesc), un complejo de formación técnica binacional con más de 1.200 m² y capacidad para entrenar simultáneamente a unas 100 personas. Sus laboratorios permiten ensayar la integración de los nuevos sistemas digitales antes de su puesta en servicio, reduciendo costes y facilitando que los equipos de operación y mantenimiento se formen directamente en las instalaciones de la propia central.
Este enfoque encaja con el contexto global de transición energética, en el que las grandes infraestructuras hidráulicas deben adaptarse a nuevas exigencias de flexibilidad, digitalización y sostenibilidad ambiental. Mientras en Europa se debate sobre el papel del almacenamiento, las interconexiones y el cierre de centrales fósiles, casos como Itaipú ilustran cómo una planta madura puede seguir ganando eficiencia, aportar servicios de estabilidad al sistema y respaldar la expansión de nuevas renovables sin perder de vista las restricciones ambientales y climáticas.
Todo este conjunto de datos y actuaciones pinta el retrato de una central que, aunque ya no persigue únicamente batir récords año tras año, continúa siendo una pieza esencial para la seguridad energética de Brasil y Paraguay y un referente internacional de generación hidroeléctrica a gran escala. Su capacidad teórica para abastecer al mundo durante un día es sobre todo una imagen potente, pero detrás hay una realidad muy concreta: una infraestructura que, operada de forma conjunta por dos países, demuestra que la energía renovable gestionada con criterios técnicos sólidos puede sostener economías enteras y contribuir de forma decisiva a la descarbonización de los sistemas eléctricos.



















