El reciente incremento de fallecimientos neonatales asociados a malformaciones cardíacas en Tarija ha puesto en evidencia una realidad poco visible: las cardiopatías congénitas son la malformación congénita más frecuente y afectan aproximadamente a uno de cada 100 bebés que nacen en Bolivia.
Aunque en la mayoría de los casos no se logra identificar una causa específica, especialistas señalan que existen tres grandes factores que podrían estar relacionados con su aparición: factores ambientales, factores maternos y factores genéticos.
La médica cardióloga pediatra Daniela López explicó que las cardiopatías congénitas se encuentran por encima de cualquier otra anomalía congénita, incluso de las malformaciones neurológicas y gastrointestinales. Su impacto en la salud infantil es significativo debido a que muchas de estas alteraciones afectan el funcionamiento normal del corazón desde el nacimiento y, en los casos más complejos, pueden comprometer seriamente la vida del bebé durante sus primeros días o meses.
La especialista señaló que uno de los principales desafíos es que, pese a los avances de la medicina, todavía no existe una causa predominante claramente establecida que explique el origen de la mayoría de las cardiopatías congénitas.
«Hay varios factores que influyen en que se desarrolle este tipo de cardiopatía congénita. Entre ellos están los factores ambientales, los factores maternos y también los factores genéticos, aunque estos últimos se registran en una menor proporción», explicó.
Los factores ambientales incluyen todas aquellas condiciones presentes en el entorno donde vive la madre durante el embarazo. La exposición a determinadas sustancias químicas, contaminantes o elementos presentes en el ambiente continúa siendo objeto de estudio en distintas partes del mundo. Sin embargo, la evidencia científica aún no permite atribuir de manera concluyente una relación directa con un factor específico en la mayoría de los casos.
Los factores maternos, por su parte, son considerados uno de los aspectos sobre los cuales es posible actuar con mayor eficacia. La falta de controles prenatales, una alimentación deficiente, enfermedades durante la gestación o el consumo de medicamentos contraindicados pueden aumentar el riesgo de alteraciones en el desarrollo fetal.
López remarcó la importancia de que toda mujer embarazada reciba seguimiento médico permanente y evite la automedicación. Explicó que existen fármacos considerados teratogénicos, es decir, capaces de interferir en la correcta formación de órganos y estructuras del embrión.
Asimismo, destacó la importancia de la suplementación con ácido fólico y de cumplir con todos los controles prenatales indicados por los especialistas, medidas que contribuyen a reducir riesgos durante el embarazo.
El tercer grupo corresponde a los factores genéticos. Aunque representan una proporción menor de los casos, algunas alteraciones hereditarias o síndromes genéticos pueden estar asociados al desarrollo de determinadas cardiopatías congénitas.
La preocupación por esta problemática se ha incrementado en Tarija debido al elevado número de fallecimientos neonatales vinculados a malformaciones cardíacas registrados durante los primeros meses del año. Según datos de la Unidad de Neonatología del Hospital Regional San Juan de Dios, de los 12 fallecimientos de recién nacidos reportados entre enero y junio, siete estuvieron relacionados con problemas congénitos del corazón.
El jefe de Neonatología, José Rivera, señaló que las cifras observadas han generado preocupación dentro del personal médico debido a que varias de estas muertes corresponden a cardiopatías complejas o a bebés con múltiples malformaciones asociadas.
Durante las reuniones de análisis de mortalidad neonatal realizadas por el hospital, se identificó además que una parte importante de estos casos corresponde a pacientes procedentes de la Región Autónoma del Chaco, situación que ha despertado inquietudes entre los especialistas.
Rivera explicó que actualmente no existen estudios científicos que permitan establecer una relación causal con algún factor específico, aunque considera necesario impulsar investigaciones que permitan identificar posibles elementos comunes entre los casos registrados.
Entre las hipótesis que surgen desde el ámbito médico se encuentran posibles factores ambientales presentes en determinadas zonas productivas. Sin embargo, el especialista aclaró que estas observaciones son únicamente especulativas y que cualquier conclusión requiere investigaciones epidemiológicas y científicas rigurosas.
Otro aspecto que dificulta el abordaje de esta problemática es la falta de un registro nacional de cardiopatías congénitas. Para Daniela López, contar con estadísticas oficiales permitiría conocer con precisión cuántos niños nacen con estas patologías, cuáles son las regiones con mayor incidencia y qué tipos de malformaciones se presentan con más frecuencia.
Actualmente, la especialista desarrolla una investigación en el Hospital San Juan de Dios con el objetivo de determinar la prevalencia de cardiopatías congénitas entre los pacientes pediátricos atendidos en consulta, información que podría convertirse en una base importante para futuras estrategias de prevención.
Los profesionales de salud coinciden en que la detección temprana sigue siendo la principal herramienta para reducir la mortalidad asociada a estas patologías. Los controles prenatales periódicos y las ecografías especializadas permiten identificar muchas cardiopatías antes del nacimiento, facilitando la planificación del tratamiento y mejorando las posibilidades de supervivencia.
Mientras persisten las interrogantes sobre las causas que originan estas malformaciones, los especialistas insisten en la necesidad de fortalecer la investigación científica, mejorar los sistemas de registro y garantizar controles prenatales oportunos, con el objetivo de reducir el impacto de una enfermedad que continúa siendo la principal malformación congénita y una de las mayores amenazas para la salud neonatal.
Control prenatal clave contra cardiopatías
Las cardiopatías congénitas pueden detectarse antes del nacimiento mediante ecocardiografía fetal entre las semanas 18 y 24 de gestación, lo que permite planificar el parto en centros especializados. A nivel neonatal, la oximetría de pulso en las primeras 24 horas se ha convertido en una herramienta clave para identificar casos críticos. Entre los factores de riesgo se incluyen infecciones como la rubéola, diabetes materna no controlada y la exposición a medicamentos teratogénicos. La vacunación previa al embarazo, el ácido fólico y el control prenatal reducen significativamente el riesgo y mejoran el pronóstico del recién nacido.



















