En momentos en los que Bolivia necesita ampliar las fuentes de ingreso de divisas, el turismo receptivo comenzó 2026 con señales alentadoras, pero perdió impulso a partir de mayo y todavía no consigue recuperar los niveles alcanzados antes de la pandemia. Los operadores atribuyen el freno principalmente a los sucesivos bloqueos de carreteras y advierten que la falta de combustible y la incertidumbre generada por el cierre del Ministerio de Turismo Sostenible y Culturas pueden dificultar aún más la recuperación.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran dos momentos claramente diferenciados. Entre enero y abril llegaron al país 510.854 visitantes extranjeros, frente a los 389.728 durante el mismo periodo de 2025. El crecimiento fue de 31,1%.
La tendencia cambió en mayo, coincidiendo con la intensificación de los bloqueos. Ese mes Bolivia recibió 65.278 visitantes extranjeros, frente a los 85.595 que visitaron el país en mayo de 2025. Es decir, el ingreso mensual cayó 23,7% en términos interanuales.
Como consecuencia de ese resultado, el crecimiento acumulado del turismo receptivo perdió casi 10 puntos porcentuales, porque pasó del 31,1% obtenido hasta abril al 21,2% a fines de mayo.
“Hasta antes de los bloqueos se preveía que este año 2026 el turismo podría aumentar, pero creo que no se va a dar y posiblemente vamos a decrecer, porque nos cayeron los bloqueos. Somos uno de los países en América que no logró los niveles que teníamos en 2019”, señaló el presidente de la Cámara Boliviana de Turismo (Cabotur), Luis Ampuero.
Para los operadores, el impacto de los conflictos sociales trasciende los días en que permanecen cerradas las carreteras. Las agencias trabajan con reservas realizadas con semanas o meses de anticipación y, cuando se producen cortes de ruta prolongados, las cancelaciones terminan afectando también los meses siguientes.
A ello se suma el impacto sobre la imagen internacional de Bolivia como destino turístico, principalmente cuando viajeros que ya tienen previsto recorrer el país modifican sus itinerarios ante la incertidumbre sobre carreteras.
El freno llega cuando el país todavía arrastra una recuperación incompleta desde la pandemia. En 2019 a Bolivia llegaron 1.239.281 visitantes extranjeros. Un año después, las restricciones sanitarias redujeron esa cifra a 323.272 y en 2021 se alcanzó el punto más bajo, con apenas 166.851 turistas.
La importancia del turismo cobra una dimensión adicional en el actual escenario económico por su capacidad de generar divisas. Según el INE, en 2025 el gasto realizado por los visitantes extranjeros en Bolivia alcanzó los $us 819 millones, frente a los $us 740 millones de 2024. “El turismo y la economía naranja venían a ser una posibilidad para poder dar un respiro, captar dólares frescos y beneficiar a toda la comunidad. Es una gran cadena de valor que está involucrada”, manifestó el presidente de la Asociación Boliviana de Agencias de Turismo Receptivo (Abatur), Juan Carlos Cárdenas. Luego señaló que el sector se proyectaba como una alternativa complementaria frente al peso que históricamente tienen en la economía la minería, la ganadería y otras actividades.
Pero el intento de consolidar esa recuperación enfrenta ahora nuevos obstáculos. Uno de ellos es la incertidumbre institucional derivada del cierre del Ministerio de Turismo Sostenible y Culturas, una cartera que había sido creada apenas meses antes. Las organizaciones empresariales aseguran que todavía desconocen bajo qué estructura continuarán varias de las políticas planteadas para impulsar el sector. Entre ellas mencionan la Marca País, el Plan Maestro de Turismo, las medidas destinadas a facilitar el ingreso de visitantes extranjeros, la promoción de la gastronomía boliviana, el fortalecimiento de la conectividad aérea y las campañas de promoción digital.
Ampuero sostuvo que hasta ahora no se concretó una reunión con el Gobierno para conocer cómo funcionará la nueva estructura ni qué instancia asumirá la continuidad de los proyectos.
La falta de diésel constituye otro factor de preocupación. Los operadores advierten que los problemas para abastecerse de combustible reducen la disponibilidad del transporte terrestre y elevan los costos de los viajes hacia distintos destinos turísticos.
“El tema del combustible y de los bloqueos, todo se perjudica. Si no hay un normal abastecimiento de los combustibles, se perjudica no solo a los operadores, sino a toda la cadena turística”, expresó el representante de la Cámara Nacional de Operadores de Turismo Receptivo (Canotur), Julio Peralta.
El efecto alcanza a agencias de viaje, empresas de transporte, hoteles, restaurantes, guías y otros servicios relacionados con una actividad que distribuye ingresos entre numerosos actores.



















