Las startups buscan clientes y capital para crecer y afianzar sus negocios

Una solución tecnológica puede funcionar y aun así quedarse sin compradores. Alison Silva, directora de la Fundación Emprender Futuro, identifica allí uno de los obstáculos del emprendimiento digital boliviano: “Nos enamoramos mucho de la solución y en realidad deberíamos enamorarnos del problema”. Conocer al cliente es el primer paso para construir un negocio.

El Mapeo del Ecosistema de Tecnología Digital en Bolivia 2026 pone cifras a ese desafío. Identificó 154 startups, frente a 155 en 2025. Bajo esa aparente estabilidad hay movimiento: incorporó 48 nuevas y registró otras 49 que dejaron de operar o no pudieron ser ubicadas. La base se renueva, pero le cuesta ampliarse.

La octava edición fue coordinada por Fundación Emprender Futuro, Funda-Pró, Aceleratec, BIM y Conexión, con análisis de información de la Universidad Católica Boliviana. Sus resultados combinan 73 encuestas a startups y un diagnóstico exploratorio de 12 empresas medianas y grandes.

El cliente pendiente
El 47% de las startups encuestadas necesita apoyo en marketing, ventas y comercialización para crecer. Del otro lado, seis de las 12 empresas entrevistadas no tuvieron vínculos con estos emprendimientos en los últimos tres años. Unas buscan compradores; las otras necesitan tecnología, pero no siempre encuentran proveedores que les inspiren confianza.

Silva explica que las compañías buscan soluciones para “problemas reales y dolores reales”. Contratar exige un aporte a sus operaciones. El emprendedor debe conocer la actividad, identificar pérdidas de tiempo o dinero y demostrar qué puede mejorar.
El informe describe dudas empresariales sobre la continuidad del servicio, el soporte y el cumplimiento de los contratos. Equipos pequeños y soluciones genéricas dificultan esa relación. La oportunidad está en especializarse: automatización e información financiera para la industria, trazabilidad para el agro o mejoras en la atención de los clientes bancarios.

Las fintech, que desarrollan tecnología financiera, ofrecen un contrapunto. Según Silva, han madurado al encontrar formas de colaborar con bancos y otras entidades para resolver necesidades específicas. Esa relación comercial ayuda a consolidar el negocio y abre posibilidades de expansión.
También hay obstáculos fuera de las startups. Nueve de las 12 compañías consultadas mencionan la exigencia de papel firmado como una dificultad en su relación con el Estado. La digitalización interna tropieza con trámites presenciales, mientras la falta de habilidades y la resistencia al cambio complican la adopción de herramientas.

Dinero y equipo
El financiamiento añade otra barrera: el 41% de las startups encuestadas no captó capital externo. El informe registra una fuerte concentración: cinco reúnen el 63% de los más de $us 10 millones reportados. El acceso a los recursos es desigual.
Para Silva, presentarse ante un fondo exige más que una propuesta atractiva. “Necesita tener una estructura de empresa”, afirma. Eso supone probar que existe un mercado, contar con un equipo comprometido y explicar cuánto dinero se requiere, en qué se invertirá y qué crecimiento se espera alcanzar.
La directora cuestiona la tendencia a emprender en solitario. Un negocio tecnológico necesita capacidades comerciales, legales y financieras, además de programación. Un equipo complementario permite ejecutar el proyecto y ofrece seguridad a quienes evalúan contratar sus servicios o aportar recursos.
El acompañamiento también cuenta. El 52% de las encuestadas pasó por una aceleradora. Entre ellas, la mediana del financiamiento captado fue de $us 40.000, frente a cero entre las que no atravesaron esos programas. La asociación no demuestra por sí sola que la aceleración produzca ese resultado, pero señala una diferencia.

Un mapa con matices
Santa Cruz mantiene el liderazgo con 63 startups identificadas, seguida de La Paz, con 52, y Cochabamba, con 31. Juntas concentran casi el 95% del listado. Cochabamba ganó presencia respecto de 2025, cuando registraba 22, aunque su actividad tecnológica desborda este recuento.
Silva distingue las startups de las fábricas de software, que desarrollan servicios para clientes locales y extranjeros. Estas últimas tienen peso en Cochabamba, pero responden a otro modelo empresarial.

La distinción ayuda a mirar el futuro. Recibir capital de un fondo y expandirse a otros países es una ruta posible. Otra, explica Silva, consiste en consolidarse como pyme tecnológica mediante las ventas, generar empleo y crecer con los ingresos del negocio. Ambas requieren clientes y capacidad de cumplir.
Después de ocho ediciones, la pregunta va más allá de cuántas ideas aparecen. Importa cuántas logran resolver una necesidad por la que alguien está dispuesto a pagar. Allí se encuentran el desafío comercial de los emprendedores y la demanda de las empresas: convertir la tecnología en un servicio que pueda sostenerse.

SourceEl Deber

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