Informe: Bolivia tiene la informalidad laboral más alta de América Latina

El mercado laboral de América Latina y el Caribe continúa recuperándose tras los años de desaceleración económica, pero esa mejoría no se refleja con la misma intensidad en Bolivia. Mientras la región registra una disminución del desempleo y una expansión moderada del empleo formal, el país mantiene profundas debilidades estructurales que lo ubican entre las economías con mayor peso de la informalidad y menor cobertura de seguridad social.

Así lo refleja el informe «Tendencias del mercado laboral en América Latina y el Caribe 2026», elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que advierte que, si bien el empleo regional continúa creciendo, la calidad del trabajo sigue siendo uno de los principales desafíos para varios países, entre ellos Bolivia.

Una mejoría lenta

El estudio muestra que durante 2025 la región consolidó una recuperación del mercado laboral. La tasa de ocupación aumentó, el desempleo descendió y la participación laboral alcanzó niveles superiores a los registrados antes de la pandemia.

Sin embargo, la OIT aclara que esta recuperación es moderada y ocurre en un contexto de bajo crecimiento económico, elevada incertidumbre internacional y menor capacidad de los países para generar empleo de calidad.

Uno de los aspectos más relevantes es que el crecimiento del empleo formal comenzó a desacelerarse, mientras que la informalidad continúa absorbiendo una parte importante de los nuevos trabajadores.

Bolivia y la informalidad

Dentro de ese escenario regional, Bolivia mantiene uno de los mercados laborales más precarios.

El informe ubica al país entre aquellos donde la informalidad supera ampliamente el promedio latinoamericano, una característica que limita la productividad, reduce los ingresos de los trabajadores y restringe el acceso a derechos laborales básicos.

La informalidad implica que millones de personas desarrollan actividades económicas sin contrato, sin aportes a la seguridad social, sin seguro de salud y sin acceso a una jubilación futura.

En la práctica, significa que gran parte del empleo boliviano depende del comercio minorista, el trabajo independiente, pequeños emprendimientos familiares y ocupaciones de baja productividad.

La OIT advierte que esta realidad dificulta el crecimiento económico de largo plazo porque reduce la capacidad de inversión, limita la recaudación tributaria y mantiene elevados niveles de vulnerabilidad laboral.

Menor protección social

Uno de los principales problemas que identifica el documento es la baja cobertura de protección social.

Mientras en varios países latinoamericanos aumenta el número de trabajadores afiliados a sistemas de seguridad social, Bolivia continúa mostrando importantes rezagos debido precisamente al elevado peso del empleo informal.

Esto significa que una gran parte de la población económicamente activa no cuenta con seguro de corto plazo, aportes para jubilación ni otros mecanismos de protección frente a enfermedades, accidentes o pérdida del empleo.

Los organismos internacionales sostienen que ampliar la formalización laboral será una condición indispensable para fortalecer los sistemas de protección social y mejorar la calidad del empleo.

Mujeres avanzan, pero persiste la brecha

El informe también analiza la situación laboral de las mujeres en la región. Durante 2025 la participación femenina alcanzó el nivel más alto de la última década, mientras la brecha respecto a los hombres continuó reduciéndose.

La tasa de participación laboral femenina llegó al 52,4%, frente al 75,1% registrada entre los hombres, reduciendo la diferencia a 22,7 puntos porcentuales, la menor de los últimos diez años.

No obstante, la OIT advierte que las mujeres siguen enfrentando mayores dificultades para acceder al empleo formal, menores ingresos promedio y una sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidados que limita su inserción laboral.

Jóvenes los más afectados

Otro de los grupos que continúa enfrentando mayores dificultades son los jóvenes.

La transición entre la educación y el empleo continúa siendo uno de los principales retos de la región.

Muchos ingresan inicialmente a ocupaciones informales o de baja productividad, situación que termina condicionando su trayectoria laboral durante varios años.

En países con alta informalidad como Bolivia, estas dificultades son aún mayores debido a la escasa generación de empleos asalariados estables.

La desaceleración económica preocupa

El informe señala que el comportamiento del empleo durante los próximos meses dependerá en gran medida de la evolución económica internacional.

La desaceleración del crecimiento mundial, las tensiones comerciales, la inflación persistente y la incertidumbre financiera podrían afectar nuevamente la creación de empleos en América Latina.

Para Bolivia, estos riesgos se suman a problemas internos como la escasez de divisas, el menor dinamismo de la inversión privada, las dificultades del sector productivo y el incremento de los costos de producción.

Los retos pendientes

La OIT y Cepal concluyen que la recuperación del empleo no será suficiente si no viene acompañada de una mejora en su calidad.

Los organismos consideran prioritario impulsar políticas públicas orientadas a: Reducir la informalidad laboral; Fortalecer la protección social; Incrementar la productividad de las pequeñas empresas; Promover el empleo formal para jóvenes y mujeres; Mejorar la capacitación laboral; Impulsar inversiones que generen empleos sostenibles.

Para Bolivia, el principal desafío continúa siendo transformar un mercado laboral donde predominan las ocupaciones informales en uno capaz de generar empleo estable, con derechos laborales y mejores ingresos.

Los datos del INE

Según el más reciente boletín estadístico del Instituto Nacional de Estadística (INE) al cierre del primer trimestre de 2026, la tasa de desocupación a nivel nacional urbano se situó en 3,2%, marcando el nivel más bajo de la serie histórica analizada desde 2015 y consolidando una tendencia a la baja que comenzó a mediados de 2020.

Este indicador, que mide a la población que busca trabajo sin éxito, representa una disminución de 0,6 puntos porcentuales en comparación con el mismo periodo de 2025 (3,8%). Con esta cifra, Bolivia se posiciona entre los países con menor desempleo de la región, superando a economías como Brasil (5,8%), Argentina (7,5%) y Chile (8,3%).

El empleo en el área urbana

La población ocupada alcanzó los 4,661 millones de personas, de las cuales casi el 60% se concentra en cinco actividades económicas principales. El sector Comercio sigue siendo el mayor empleador, con un 24,1% (1,124 millones de personas), seguido por la Industria Manufacturera con un 15,2% (708 mil) y el rubro de Alojamiento y Servicios de Comidas con un 10,9% (510 mil).

En el análisis interanual, sectores como la construcción (4,4%), la industria manufacturera (2,9%) y los servicios de educación (6,6%) presentaron variaciones positivas en la cantidad de ocupados. Sin embargo, el comercio y el transporte mostraron ligeras contracciones del -1,3% y -1,5%, respectivamente.

Los desafíos que marca el INE

Pese a la mejora en la tasa de desocupación, el boletín revela importantes desafíos estructurales. La tasa de ocupación informal subió al 84,2% en el primer trimestre de 2026, frente al 82,6% del año anterior. Este indicador es especialmente crítico entre los jóvenes de 16 a 28 años, donde la informalidad alcanza el 93,2%, y entre las mujeres, con un 85,9%.

Por otro lado, la subocupación (trabajar menos de 40 horas semanales deseando más horas) mostró una mejora al descender de 7,7% a 7,1%, aunque sigue afectando con mayor intensidad al género femenino (9,1%).

SourceEl País

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