Censo Agropecuario 2026: los datos que el campo necesita para planificar su futuro

Saber cuánto se produce, dónde se produce, bajo qué condiciones y con qué tecnología es mucho más que una cuestión estadística para el sector agropecuario. Es información que puede definir dónde se necesitan caminos, sistemas de riego, asistencia técnica, seguros, infraestructura, financiamiento y políticas de apoyo a la producción.

Con ese desafío como telón de fondo, el Instituto Nacional de Estadística (INE) y la Federación de Ganaderos de Santa Cruz (Fegasacruz) suscribieron esta semana un convenio interinstitucional para fortalecer la preparación del Censo Agropecuario 2026, con especial énfasis en mejorar el acercamiento con los productores y la cobertura del operativo en el departamento.

El acuerdo permitirá que Fegasacruz apoye la difusión de las convocatorias y de la información oficial del censo entre sus asociaciones y productores. También colaborará, de acuerdo con su disponibilidad, en la identificación y localización de las Unidades de Producción Agropecuaria (UPA) dentro de su ámbito de acción.

La participación de las organizaciones productivas adquiere relevancia porque uno de los principales objetivos de un censo agropecuario es construir una fotografía lo más completa posible de la realidad del campo. A diferencia de una encuesta, que trabaja con una muestra, el censo busca obtener información de las unidades productivas que conforman el universo agropecuario.

Una radiografía que lleva más de una década esperando actualización

El último Censo Agropecuario de Bolivia se realizó en 2013. Desde entonces, la estructura productiva del país ha cambiado: se modificaron las superficies cultivadas, los sistemas de producción, el uso de maquinaria, la tecnología disponible y las características de la actividad ganadera.

Los datos del censo de 2013 muestran la magnitud y diversidad de la actividad agropecuaria. En ese operativo se registraron 3,67 millones de hectáreas cultivadas correspondientes a 72 especies consideradas entre las más importantes. Las oleaginosas e industriales representaban el mayor grupo, con aproximadamente 1,76 millones de hectáreas, seguidas por los cereales, con cerca de 1,27 millones.

También se recopiló información sobre maquinaria, infraestructura, prácticas agrícolas y ganado. En el caso bovino, por ejemplo, la base estadística del Censo Agropecuario 2013 contempla variables desagregadas por sexo, edad y especialidad —carne o leche—, además de la ubicación geográfica de cada unidad productiva.

Más de una década después, actualizar esa información permitirá conocer cuánto de aquella estructura permanece vigente y cuánto se transformó.

¿Para qué le sirve el censo al productor?

Para el sector productivo, la utilidad del censo no termina cuando se publican sus resultados. La información puede convertirse en un insumo para la toma de decisiones tanto del Estado como de los propios productores y sus organizaciones.

El INE señala que el Censo Agropecuario 2026 permitirá actualizar información relacionada con producción, tecnología, uso de suelo, seguridad alimentaria y desarrollo rural. Esa base estadística puede servir para orientar políticas públicas y mejorar la planificación del sector.

En un escenario marcado por dificultades climáticas, presión sobre los costos de producción, necesidad de mayor infraestructura y búsqueda de mercados, disponer de datos recientes también permite dimensionar mejor los problemas y establecer prioridades.

Para las organizaciones productivas, contar con cifras oficiales y actualizadas puede fortalecer además la capacidad de plantear demandas ante los distintos niveles de gobierno. Una cosa es reclamar más caminos, riego, electrificación o asistencia técnica; otra es hacerlo respaldado por información que permita identificar dónde están las necesidades y cuál es su magnitud.

La Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) ya había destacado a principios de año que la información precisa es fundamental para tomar decisiones y promover el crecimiento del sector agropecuario. En aquella oportunidad, representantes de organizaciones productivas de Santa Cruz coincidieron con el INE en la necesidad de transparentar y actualizar los datos de producción.

Santa Cruz, un actor central

El departamento de Santa Cruz tiene un peso determinante dentro de la producción agropecuaria boliviana, por lo que garantizar una buena cobertura censal en su territorio será clave para que los resultados nacionales reflejen adecuadamente la realidad productiva.

El convenio con Fegasacruz apunta precisamente a aprovechar el conocimiento territorial de las organizaciones ganaderas y su vínculo directo con los productores. La federación participará además en los Comités Impulsores del Censo Agropecuario, donde contribuirá a la coordinación, socialización, identificación de posibles riesgos y acompañamiento de las actividades censales.

El INE también ha avanzado en acuerdos y reuniones con otras organizaciones del sector. En junio coordinó con la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO) y con la Asociación de Proveedores de Insumos Agropecuarios (APIA Bolivia), con el objetivo de socializar los alcances del operativo y promover la participación de actores vinculados a la cadena productiva.

El proceso ya ingresó además en una fase operativa: el INE inició en agosto el reclutamiento de personal para el Censo Agropecuario en Beni y Santa Cruz y comenzó la formación del equipo multidisciplinario nacional encargado de preparar el operativo.

Un dato confiable para un sector que necesita planificar

El desafío del Censo Agropecuario 2026 será, por tanto, doble: lograr que la información sea técnicamente sólida y conseguir que los productores participen activamente.

Para ello será necesario que las organizaciones del sector ayuden a generar confianza, socialicen el objetivo del operativo y faciliten el trabajo de los equipos censales en las comunidades y unidades productivas.

El propio INE plantea que la articulación con las organizaciones productivas permitirá que la información recopilada refleje de mejor manera la realidad del sector agropecuario. El objetivo final es que los datos no se queden en una base estadística, sino que se conviertan en una herramienta para generar políticas públicas, mejorar la planificación y producir información especializada para una economía en la que el agro tiene un papel estratégico.

En ese sentido, el Censo Agropecuario 2026 representa una oportunidad para actualizar una radiografía del campo que tiene más de diez años de antigüedad. Para los productores, participar significa contribuir a que la próxima fotografía del sector se parezca realmente al campo que hoy existe y no al que quedó registrado en 2013.

SourceEl Deber

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