Go Airline pone a prueba la política de cielos abiertos y busca devolverle vuelos directos a Potosí

El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, destacó que la política de cielos abiertos que impulsa el Gobierno comienza a mostrar uno de sus primeros desafíos concretos: conseguir que la apertura del mercado no se limite a incorporar vuelos internacionales, sino que también genere más empresas, más frecuencias y nuevas rutas dentro de Bolivia.

En ese escenario aparece Go Airline, una nueva aerolínea de capital potosino que avanza en los trámites para obtener sus autorizaciones de operación y que tiene previsto concentrar buena parte de su actividad en Potosí. La primera de las cuatro aeronaves proyectadas ya se encuentra en el aeropuerto de El Alto y tiene capacidad para 90 pasajeros.

El proyecto es impulsado por el empresario minero Edgar Copa. La compañía tendrá su oficina central en La Paz, pero pretende convertir al departamento de Potosí en uno de sus principales centros de operación. El gerente de Go Airline, Rodber Orellana, señaló además que se busca contar con un hangar en el aeropuerto Capitán Rojas para el mantenimiento y resguardo de las aeronaves.

La apuesta adquiere relevancia porque Potosí necesita mejorar su conexión aérea con el resto del país. Para una economía vinculada a la minería, pero también con potencial turístico, contar con conexiones regulares y competitivas no es un asunto menor: reduce tiempos de traslado, facilita los viajes de negocios y puede ampliar el flujo de visitantes.

El verdadero objetivo de los cielos abiertos

La apertura del mercado aéreo tiene sentido si consigue generar una oferta más amplia para los usuarios. En los últimos meses, Bolivia ha firmado acuerdos con distintos países para flexibilizar los derechos de tráfico aéreo. Con Perú, por ejemplo, se acordaron operaciones sin restricciones de rutas, frecuencias o capacidad y se habilitaron mayores libertades para pasajeros y carga. Con Brasil se avanzó en un nuevo marco que permite a las aerolíneas definir sus frecuencias de acuerdo con la demanda.

También se suscribieron instrumentos con Argentina, Paraguay, Panamá, El Salvador y Uruguay, entre otros países, dentro de la política de cielos abiertos que busca impulsar el Gobierno.

Esos acuerdos pueden facilitar la llegada de operadores extranjeros y ampliar las conexiones internacionales. Sin embargo, existe otro frente que resulta igual de importante: fortalecer el mercado doméstico.

Porque una política de cielos abiertos no debería medirse únicamente por cuántas aerolíneas internacionales aterrizan en Viru Viru o El Alto. También debería reflejarse en la posibilidad de que un pasajero pueda encontrar más alternativas para viajar entre La Paz, Santa Cruz, Cochabamba, Potosí, Sucre, Tarija, Oruro, Trinidad y otras ciudades.

Competencia para un mercado que necesita más oferta

La incorporación de nuevos operadores puede generar competencia en precios, frecuencias, horarios y calidad del servicio. Pero, además, permite que las aerolíneas desarrollen modelos de negocio diferentes.

Una empresa puede concentrarse en las rutas de mayor demanda, mientras otra puede encontrar oportunidades en destinos que hoy no resultan atractivos para los operadores tradicionales. Ese segundo escenario es precisamente el que vuelve interesante el caso de Go Airline.

Potosí no necesita únicamente ser un destino dentro de una red nacional; necesita convertirse en un punto desde el cual se puedan estructurar conexiones hacia otros mercados.

La propuesta de instalar un hangar y concentrar operaciones en el departamento apunta justamente en esa dirección. Si el proyecto consigue consolidarse, Potosí podría pasar de ser un destino con conectividad limitada a convertirse en una pequeña base aérea regional.

El desafío será sostener las rutas

La llegada de una nueva empresa, sin embargo, no garantiza por sí sola más conectividad. El gran desafío para Go Airline será lograr que las rutas nacionales sean comercialmente sostenibles. Una aeronave puede estar disponible, pero mantener vuelos regulares requiere suficiente demanda, costos operativos controlados, infraestructura aeroportuaria adecuada y una programación que permita aprovechar eficientemente cada avión.

Ese será también uno de los desafíos de la política de cielos abiertos: atraer inversión privada al sector sin que las nuevas operaciones se concentren exclusivamente en las rutas más rentables.

El Estado, por su parte, tiene un papel importante en la infraestructura. Navegación Aérea y Aeropuertos Bolivianos (Naabol) ha señalado que su estrategia para 2026 combina modernización aeroportuaria, seguridad operacional y una mayor conectividad, con la intención de atraer nuevas aerolíneas y fortalecer a los operadores nacionales.

En el caso de Potosí, la infraestructura también está dentro de la agenda. En marzo, el ministro de Obras Públicas realizó el primer aterrizaje en la nueva pista del aeropuerto Capitán Rojas y posteriormente se plantearon acciones para fortalecer la conectividad de la región. El proyecto de Go Airline se encuentra así con una infraestructura que busca acompañar la expansión de las operaciones.

El precedente internacional ya está en marcha

Bolivia ya comenzó a experimentar los efectos de la apertura en el segmento internacional. Tampa Cargo, del grupo Avianca, inició operaciones de carga en el país en junio mediante la activación de la séptima libertad del aire. A ello se sumó ABSA Cargo, filial del grupo LATAM, que incorporó vuelos de carga con aeronaves Boeing 767-300F con capacidad de hasta 55 toneladas.

Esas incorporaciones muestran que existe interés de operadores privados cuando las condiciones regulatorias permiten ampliar las posibilidades comerciales.

Ahora falta que esa dinámica se replique con mayor fuerza en el transporte de pasajeros y, especialmente, en las rutas nacionales.

Potosí como punto de partida

La apuesta de Go Airline puede ser importante precisamente porque nace desde una necesidad regional concreta.

La primera aeronave, con capacidad para 90 pasajeros, ya está en Bolivia y forma parte de una flota prevista de cuatro aviones. La empresa espera completar las autorizaciones ante la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) antes de comenzar sus operaciones comerciales.

Para Potosí, la posibilidad de contar con una aerolínea que tenga allí parte de su operación puede representar algo más que nuevos vuelos. Puede significar una herramienta para atraer turistas, facilitar el movimiento de empresarios y trabajadores vinculados a la minería y mejorar la integración con otros departamentos.

Para Bolivia, en cambio, el caso plantea una pregunta más amplia: ¿puede la política de cielos abiertos conseguir que el país tenga un mercado aéreo más competitivo también puertas adentro?

La respuesta dependerá de cuántos nuevos operadores estén dispuestos a invertir, pero también de cuántas rutas puedan sostenerse en el tiempo. El Gobierno ya avanzó en la apertura de los cielos mediante acuerdos que amplían los derechos de tráfico y eliminan restricciones para las aerolíneas.

El siguiente paso será convertir esa apertura regulatoria en conectividad concreta. Y en ese proceso, más aerolíneas nacionales y más vuelos entre ciudades bolivianas serán probablemente una de las pruebas más visibles de que los cielos abiertos no solo significan que Bolivia reciba más aviones del exterior, sino que también permita que los bolivianos vuelen más y mejor dentro de su propio país.

SourceEl Deber

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