La reelección de Manfred Reyes Villa en la Alcaldía de Cochabamba y el triunfo de Leonardo Loza en la Gobernación configuran un escenario de doble legitimidad. Mientras el primero consolida un modelo de gestión urbana, el segundo expresa el peso de las organizaciones territoriales. Más allá de la lectura electoral, el dato clave está en los municipios: una importante presencia de actores vinculados a estructuras políticas previas como el MAS y redes territoriales —aunque bajo distintas siglas y alianzas— evidencia un fenómeno de reconfiguración política antes que desaparición. Lo que ocurrió no es una retirada, sino una dispersión estratégica del poder, donde liderazgos y estructuras se redistribuyen en múltiples plataformas locales para preservar influencia.
A este escenario se debe suma el gran desafío del presidente Rodrigo Paz Pereira: cumplir con su oferta de un modelo 50/50 en la distribución del poder y los recursos. Ha llegado la hora de negociar, en un contexto que no será sencillo, marcado por la fragmentación política y la diversidad de actores territoriales. Paz ha planteado la instalación de una mesa de diálogo donde se construya este esquema, lo que implica, también, replantearse el debate sobre autonomías, un tema urgente en la agenda nacional y particularmente sensible en Cochabamba.
Los Tiempos pudo dialogar con el analista político Paúl Coca, sobre si consideraba que la coyuntura subnacional está ante una renovación genuina de liderazgos o se trata simplemente de una redistribución de fuerzas dentro de las mismas estructuras tradicionales del “masismo”.
¿Masismo unificado?
Coca señala que, tras la salida del MAS del gobierno y las divisiones internas previas, “Cochabamba se convirtió en un laboratorio para probar la unidad del partido”. Para las elecciones subnacionales, “el MAS adoptó el nombre de Alianza Unidos por los Pueblos y cambió de color: de azul a blanco”, un movimiento relevante para la psicología política, sostiene.
Añade además que, durante la etapa electoral, “Evo Morales actuó como jefe de campaña, Leonardo Loza fue el candidato a Gobernación y otros masistas, como Grover García, participaron como representantes de distintas facciones internas”. Esta estrategia funcionó: la Gobernación en Cochabamba se ganó en primera vuelta, mostrando que “la reunificación territorial fue efectiva”.
Al mismo tiempo, “muchos masistas se dispersan en diversos partidos y alianzas, con resultados mixtos”. La gran pregunta es si, en el futuro cercano, será posible “una unificación de todos los masistas presentes en distintas fuerzas políticas”, enfatiza Coca.
Santa Cruz: liderazgo en disputa
En Santa Cruz, la segunda vuelta en la Gobernación refleja una transformación profunda: el departamento deja de tener un liderazgo dominante y pasa a un escenario de competencia horizontal entre élites políticas. En este contexto, la figura de Luis Fernando Camacho muestra signos de ¿desgaste? Su capital político, construido en torno a la confrontación y la movilización regional, enfrenta hoy varios límites: fragmentación del bloque opositor, emergencia de nuevos liderazgos y fatiga del discurso confrontacional.
A nivel nacional, estas elecciones mostraron un tablero político fragmentado con el surgimiento de opciones locales. Santa Cruz sorprendió, con un Luis Fernando Camacho visiblemente desgastado y una Alcaldía cruceña al borde del colapso. La Paz presenta otro escenario complejo: César Dockweller ganó la Alcaldía, mientras que la Gobernación aún está pendiente, con Luis Revilla como posible ganador, hasta que se defina la segunda vuelta.
La explicación de toda esta “ensalada” política se encuentra en la dispersión del poder y el fin de ciclo del MAS. Según el analista Paúl Coca, “estas lecciones son interesantes: salvo Santa Cruz, no hay ganadores hegemónicos”, como sí ocurrió con Mamén Saavedra. Este fin de ciclo trae consigo alcaldes en ciudades como La Paz y El Alto que enfrentan situaciones de gobernabilidad mínima en sus concejos municipales, por lo que tendrán que buscar acuerdos para poder gestionar efectivamente, sostiene.
Asimismo, añade el analista, pocos candidatos lograron la reelección: destacan Manfred Reyes Villa en Cochabamba y Jhonny Torres en Tarija, mientras que otros optaron por la renovación total. Sin embargo, esta renovación no otorga poder absoluto a los alcaldes; “ganar la elección no garantiza que puedan implementar su gestión”. El escenario nacional, con la elección de Rodrigo Paz, y la no reelección de líderes como Camacho en Santa Cruz, Iván Arias en La Paz o Santos Quispe en la Gobernación paceña, refleja que “el fin de ciclo del MAS está impulsando cierta renovación, pero con límites claros”.
En definitiva, el mensaje es que no basta con ganar la elección, sino que los nuevos líderes deberán demostrar capacidad de gestión en los próximos cinco años para consolidar su poder territorial y político, puntualiza.
Comportamiento electoral
El electorado, especialmente en áreas urbanas, parece estar girando hacia perfiles más ejecutivos que ideológicos, más locales que nacionales y más centrados en gestión que en discurso. Esto explica victorias contundentes en algunas alcaldías y resultados fragmentados en gobernaciones, reitera Coca.
Un sistema en transición
Las elecciones subnacionales no consolidan un nuevo orden político; más bien evidencian uno en plena transformación. El poder ya no se concentra en grandes bloques, sino que se fragmenta, se territorializa y se negocia. Cochabamba sintetiza este momento: estructuras políticas que no desaparecen, sino que se adaptan, se redistribuyen y buscan recomponerse desde lo local. Bolivia entra así en una etapa donde la clave no será quién domina, sino quién logra articular lo disperso.
Alcaldía vs. Gobernación
¿Cómo se explica el caso de Cochabamba, donde Manfred Reyes Villa ganó la Alcaldía y Leonardo Loza la Gobernación?
El analista Paúl Coca señala que “en Cochabamba, Manfred concentró mucho voto, pero la Gobernación es muy diferente, porque vota todo el departamento; ese es un detalle importante”. Coca explica que, al tratarse de elecciones subnacionales —que deberían llamarse autonómicas—, se generan dinámicas distintas debido a que los votantes manejan dos papeletas separadas: una para la Alcaldía y otra para la Gobernación. Así, aunque sean parte del mismo proceso electoral, las personas pueden decidir apoyar a candidatos distintos en cada nivel.
“Lo de Manfred es un claro ejemplo de esto”, afirma Coca. Su candidato a la Gobernación, Vikingo, no logró que todos los que votaron por Manfred lo hicieran también por él. Un fenómeno similar se observó en La Paz: Luis Revilla arrasó en la Gobernación, pero el candidato a Gobernación de Alianza Patria, Nemo Rivero, no consiguió trasladar ese apoyo de Revilla hacia su propia candidatura.
En resumen
Las elecciones subnacionales en Bolivia reflejan un escenario político fragmentado y diverso, donde los resultados locales no siempre coinciden con las tendencias departamentales.
En este contexto, el país queda con poder descentralizado, liderazgo disperso y un desafío central: transformar el triunfo electoral en gestión efectiva, donde la habilidad para gobernar localmente será clave en los próximos años.



















