El Banco Central de Bolivia (BCB) mantiene una política monetaria contractiva para contener las presiones inflacionarias, mientras la economía nacional acumula diez trimestres consecutivos de decrecimiento, equivalentes a dos años continuos de recesión, según el Primer Reporte de Inflación y Política Monetaria (RIPoM), presentado este martes.
El documento, que incorpora información disponible hasta junio, expone una de las principales tensiones que enfrenta la política económica: contener la inflación y evitar que los aumentos de precios se consoliden, en un escenario en el que la actividad productiva continúa debilitada.
El BCB mantiene el freno monetario
El ente emisor señala que durante la presente gestión no otorgó nuevos créditos al Sector Público No Financiero que impliquen una expansión de la Base Monetaria, en el marco de la política de “nulo financiamiento monetario”.
Esta decisión forma parte del nuevo esquema de política monetaria adoptado durante la gestión, en el que la Base Monetaria pasó a desempeñar el papel de ancla nominal de la economía.
El cambio se produjo en paralelo con la adopción de un régimen de tipo de cambio flexible a partir de finales de junio, dentro de un nuevo marco para la conducción de la política monetaria.
El objetivo es evitar que una mayor expansión de liquidez termine trasladándose a los precios y genere nuevas presiones inflacionarias.
La economía acumula diez trimestres de caída
Mientras el BCB mantiene esta orientación, el desempeño de la economía continúa siendo negativo.
El RIPoM señala que la actividad económica acumula diez trimestres consecutivos de decrecimiento. El deterioro se agravó durante mayo y junio, cuando los bloqueos de carreteras afectaron el transporte, el abastecimiento y el normal desarrollo de las actividades económicas.
El reporte incorpora estos efectos dentro del diagnóstico de la coyuntura interna y advierte que la debilidad de la actividad económica constituye uno de los principales desafíos para el país.
El escenario plantea así un dilema para la política económica: mientras la actividad requiere condiciones que favorezcan la recuperación, el BCB mantiene una postura restrictiva para evitar un rebrote de la inflación.
La inflación comienza a moderarse
El Banco Central destaca como uno de los principales resultados de su política la desaceleración de las presiones inflacionarias respecto a los niveles registrados durante 2024 y 2025.
De acuerdo con el reporte, los choques de oferta que afectaron principalmente a los alimentos durante mayo y junio no se trasladaron de manera generalizada al resto de los productos y servicios que componen la canasta.
El BCB atribuye este comportamiento, en parte, a la orientación contractiva de la política monetaria, que habría contribuido a contener los denominados efectos de segunda vuelta.
En otras palabras, el incremento inicial de precios provocado por problemas de abastecimiento y oferta no terminó convirtiéndose, hasta el momento, en una espiral generalizada de aumentos.
Persisten riesgos para los precios
Pese a la moderación de la inflación, el BCB considera que los riesgos continúan inclinados al alza durante el tercer trimestre de 2026.
Entre los factores internos identifica ajustes de precios todavía incompletos, rigidez en las expectativas de inflación, problemas de abastecimiento y factores climáticos.
En el frente externo, menciona la evolución de las paridades cambiarias, las tasas de interés internacionales y los costos de transporte.
La advertencia es relevante porque la inflación no depende únicamente de la cantidad de dinero en circulación. En una economía con restricciones de oferta, problemas de abastecimiento y presiones cambiarias, los precios también pueden verse afectados por factores que la política monetaria no controla directamente.
El BCB utiliza más instrumentos para retirar liquidez
Para mantener su postura restrictiva, el Banco Central reporta una intensificación de las Operaciones de Mercado Abierto y condiciones más estrictas para las operaciones de reporto y las ventanillas de liquidez.
A estas medidas se suman un incremento del encaje legal y un fortalecimiento progresivo del régimen de posición de cambios de las entidades financieras.
Como resultado, la Base Monetaria registró una contracción durante el primer semestre, en línea con el objetivo del BCB de limitar la expansión monetaria.
La estrategia supone mantener condiciones financieras más restrictivas mientras la entidad busca consolidar la desaceleración de los precios.
La apuesta hacia 2027
El BCB proyecta que la inflación converja hacia una tasa de un dígito y que este proceso se consolide durante 2027.
A más largo plazo, la entidad anunció que en julio de 2028 informará cuál será su meta de inflación para el cierre de 2030.
El Banco Central también contempla avanzar durante los próximos cinco años hacia un esquema de Metas de Inflación, un modelo en el que la autoridad monetaria establece explícitamente un objetivo de inflación y utiliza sus instrumentos para tratar de alcanzarlo.
El nuevo marco marca un cambio en la conducción de la política monetaria boliviana. Sin embargo, el principal desafío será compatibilizar el control de los precios con la recuperación de una economía que, de acuerdo con el propio BCB, lleva diez trimestres consecutivos de contracción.


















