Proyecto de Ley abre debate sobre hidrocarburos no convencionales

El proyecto de Ley 756/2025-2026 de reforma integral de la Ley 3058 de Hidrocarburos abre un nuevo debate sobre la exploración y explotación de recursos no convencionales en Bolivia, según una publicación de la Agencia de Noticias Ambientales (ANA).

Mientras, el Gobierno impulsa el proyecto piloto Montecristo-9, en Okinawa, Santa Cruz, para evaluar la producción de gas y condensado en formaciones de baja permeabilidad.

La propuesta legislativa incorpora la posibilidad de explorar y explotar hidrocarburos no convencionales como shale gas, shale oil, tight gas, tight oil, coal bed methane (CBM) e hidratos de gas, entre otros recursos identificados mediante estudios técnicos, según el texto citado en la denuncia ambiental.

El avance legislativo –prosigue la publicación– coincide con la puesta en marcha de Montecristo-9.

No convencionales
YPFB informó que el proyecto demanda una inversión estimada de $us 12 millones y busca evaluar la producción de gas y condensado de las formaciones Huamampampa y Los Monos. La estatal describe la operación como un proyecto piloto que incorpora tecnología especializada para formaciones de baja permeabilidad.

El presidente Rodrigo Paz presentó Montecristo-9 como una apuesta para recuperar producción hidrocarburífera y explorar nuevas fuentes de gas.

“Lo que estamos viendo hoy en Okinawa, este campo Montecristo, es un campo de desarrollo piloto, pero de una modernidad absoluta para Bolivia; es la primera vez que se hace esto en el país”, afirmó durante la presentación del proyecto.

Paz también anunció una “ley corta” para acelerar este tipo de iniciativas y planteó extender el modelo a otras regiones.

“Me voy a dar la mano con el gobernador Velasco porque hay una ley corta que nos puede permitir que este tipo de proyectos sean más ágiles”, señaló el mandatario.

Fractura hidráulica
La discusión se concentra en la relación entre la estimulación hidráulica anunciada para Montecristo-9 y la fracturación hidráulica o fracking. La diferencia técnica resulta relevante: especialistas consultados por medios nacionales advierten que la estimulación hidráulica constituye un concepto amplio y que no toda estimulación implica necesariamente fracking.

YPFB sostiene que Montecristo-9 evaluará formaciones de baja permeabilidad. Sin embargo, todavía no se conocen públicamente todos los detalles sobre el procedimiento, los fluidos, las presiones y los materiales que utilizará la operación, por lo que no resulta técnicamente suficiente afirmar que el pozo aplica fracking sin contar con esa información.

En paralelo, investigadores y organizaciones ambientales cuestionan la posibilidad de ampliar en Bolivia el uso de tecnologías asociadas con la fracturación hidráulica.

El investigador del Centro de Documentación e Información Bolivia (Cedib), Jorge Campanini, sostuvo que el proyecto de ley “construye un régimen muy flexible para que se introduzca esta técnica en el país”.

Campanini también vinculó la propuesta con antecedentes de exploración de recursos no convencionales durante anteriores gobiernos y afirmó: “Ahora el cherry de la torta, continuar lo que el MAS empezó a hacer, pero no lo concluyó, o sea el fracking”.

Advertencias ambientales
Los cuestionamientos apuntan principalmente al consumo de agua, el manejo de fluidos y aditivos, además de los posibles riesgos asociados a la integridad de los pozos y las emisiones de metano.

Un documento elaborado por Julio Fierro, Pablo Villegas, Jorge Campanini, Fernando Cabrera y Roberto Ochandio describe la fracturación hidráulica como una técnica que utiliza agua a presión y materiales para generar o mantener abiertas fracturas en formaciones de baja permeabilidad.

El análisis advierte que el fluido que retorna a la superficie puede contener tanto los productos incorporados durante la operación como sustancias presentes naturalmente en las formaciones geológicas.

El consumo de agua constituye otro punto de preocupación. El documento citado señala que en Estados Unidos algunos pozos de fracking requieren entre 20 y 50 millones de litros de agua, una demanda que puede generar mayores tensiones en regiones con disponibilidad limitada del recurso.

Los investigadores también advierten sobre posibles emisiones de metano y compuestos orgánicos volátiles. En el caso de Vaca Muerta, Argentina, estudios independientes citados en el análisis identificaron compuestos como benceno, tolueno, xileno y etilbenceno.

SourceLa Razón

ÚLTIMAS NOTICIAS